Declaraciones Oficiales

Abuso Sexual del niño

Declaración

El abuso sexual del niño ocurre cuando una persona mayor o más fuerte que el niño, usa su fuerza, autoridad o posición de confianza para introducir a un niño en una conducta o actividad sexual. Incesto, es una forma específica de abuso sexual del niño, está definido como cualquier actividad sexual entre un niño y un padre, hermano, un miembro de la familia o un padrastro.

Los agresores sexuales pueden ser hombres o mujeres de cualquier edad, nacionalidad o status socio-económicos. Generalmente son hombres casados con hijos, tienen trabajos respetables y pueden ser miembros regulares de Iglesia. Es común que los agresores nieguen rotundamente su conducta abusiva o rehúsen ver sus actos como un problema, pues racionalizan sus conductas y culpas sobre algo o alguien más. Es verdad, que muchos abusadores exhiben inseguridades profundamente arraigadas y una autoestima baja, pero estos problemas nunca deben aceptarse como una excusa para abusar sexualmente a un niño. La mayoría de las autoridades están de acuerdo que el problema real en el abuso sexual del niño se relaciona más a un deseo de poder y control que para el sexo.

Cuando Dios creó a la familia humana, comenzó con un matrimonio entre un hombre y una mujer basados sobre un amor y confianza mutuos. Esta relación está aún designada a proveer el fundamento para una familia feliz y estable en la cual la dignidad, el valor y la integridad de cada miembro de la familia están protegidos y mantenidos. Cada niño, ya sea femenino o masculino debe ser afirmado como un don de Dios. A los padres se les da el privilegio y la responsabilidad de proveerles alimento, protección y cuidado físico para los hijos que Dios les ha confiado. Los hijos deben honrar, respetar y confiar en sus padres y en los otros miembros de la familia sin riesgo de abuso.

La Biblia condena el abuso sexual del niño en los términos más fuertemente posibles. Ve cualquier intento de confundir, nublar, detractar la honra de una persona, o su generación o género, a través de una conducta abusiva sexual, como un acto de violación brusca de personalidad. Condena abiertamente el abuso del poder, autoridad y responsabilidad, porque estos atacan los sentimientos más profundos del corazón de las víctimas, de los demás, de Dios, y destruyen su capacidad para amar y confiar. Jesús usó un lenguaje firme y enérgico para condenar los hechos de alguien que a través de la palabra o acto, cause el tropiezo de un niño.

La comunidad cristiana adventista no está inmune del abuso sexual del niño. Creemos que los principios de la fe adventista nos exigen que estemos involucrados activamente en su prevención. También estamos comprometidos a ayudar espiritualmente a las personas abusadas y a los abusadores en su proceso de recuperación y curación, y a mantener a los profesionales y líderes laicos de la Iglesia como responsables de conservar su conducta personal como apropiada de personas en posiciones de dirección espiritual y confianza.

Como iglesia, creemos que nuestra fe nos llama a:

1. Respaldar los principios de Cristo en la relación familiar, donde el respeto a sí mismo, la dignidad y la pureza de los niños son reconocidos como derechos mandados divinamente.

2. Proveer una atmósfera donde los niños que han sido abusados puedan sentirse seguros al informar el abuso sexual y puedan sentir que alguien los escuchará.

3. Informarnos completamente sobre el abuso sexual y su impacto en nuestra propia comunidad de Iglesia.

4. Ayudar a los pastores y a los líderes laicos a reconocer las señales de advertencia del abuso sexual del niño y a saber cómo responder apropiadamente cuando hay sospecha de abuso, o un niño comunica que está siendo abusado sexualmente.

5. Establecer relaciones y referencias con consejeros profesionales y agencias locales de agresión sexual, quienes con sus habilidades profesionales ayuden a las víctimas del abuso y a sus familiares.

6. Crear pautas / reglas en los niveles apropiados para ayudar a los líderes de la iglesia a:

  • Tratar con personas leales acusadas de abuso sexual de niños.
  • Mantener a los ofensores responsables por sus actos y administrarles la disciplina apropiada.

7. Apoyar la educación y el enriquecimiento de las familias y sus miembros al:

  • Dispersar normalmente las creencias culturales y religiosas sostenidas que pueden ser usadas para justificar o cubrir el abuso sexual del niño.
  • Edificar en cada niño un sentido saludable de valor personal que los capacite a respetarse así mismos y a los demás.
  • Fomentar relaciones cristianas entre hombres y mujeres en el hogar y en la iglesia.

8. Proporcionar apoyo compasivo y fe, basados en el ministerio redentor dentro de la comunidad de la iglesia, para los sobrevivientes del abuso y los ofensores, mientras se les permite acceder a la red disponible de recursos profesionales en la comunidad.

9. Animar a más familias profesionales a entrenarse para facilitar el proceso de recuperación y curación de las víctimas del abuso y sus autores.

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Esta declaración está versada por los principios expresados en los siguientes pasajes bíblicos:

Génesis 1:26-28; 2:18-25

Levítico 18:20

2 Samuel 13:1-22

Mateo 18:6-9

1 Corintios 5:1-5

Efesios 6:1-4

Colosenses 3:18-21

1 Timoteo 5:5-8

Abuso y violencia familiar

Declaración

Los adventistas del séptimo día afirman la dignidad y valor de cada ser humano y recrimina toda forma de abuso físico, sexual y emocional y de violencia familiar.

Reconocemos la extensión global de este problema y de los efectos serios a largo plazo en la vida de los involucrados. Creemos que los cristianos deben responder al abuso de violencia familiar tanto en la iglesia como en la comunidad. Tomamos seriamente los informes de abuso de violencia familiar y hemos desarrollado estos temas para discutirlos en nuestras asambleas internacionales. Creemos que permanecer indiferentes y no responder es condenar o perpetuar y extender potencialmente dicha conducta.

Aceptamos nuestra responsabilidad para cooperar con otros servicios profesionales para escuchar y cuidar de aquellos que han sufrido abuso o violencia familiar, para condenar las injusticias y hablar del defecto en defensa de las víctimas. Ayudaremos a personas necesitadas que no tienen acceso a servicios profesionales.

Cuando cambian las actitudes y el comportamiento abre las posibilidades para el perdón y un nuevo comienzo, nosotros proveeremos un ministerio de reconciliación. Ayudaremos a las familias que sufren porque sus relaciones no pueden volver a restaurarse. Haremos preguntas espirituales a personas que han sufrido esto, buscando entender los orígenes del abuso de violencia familiar y desarrollar mejores formas de prevenir esta situación.

Afirmación de la familia

Declaración

El lazo familiar es el más intimo, el más tierno y la más sagrada de todas las relaciones humanas sobre la Tierra. Dios instituyo la familia como la proveedora principal de las relaciones de calidad y preocupación por el bienestar que el corazón humano anhela.

En el círculo familiar se satisfacen en forma significativa la necesidad profunda y permanente de un sentido de pertenencia, del amor y de la intimidad. Dios bendice a la familia y tiene la intención de que sus miembros se ayuden mutuamente a alcanzar la madurez y la integración. En la familia cristiana, el sentido de valor personal y de dignidad de cada miembro es afirmado y protegido en un ambiente de respeto, igualdad, sinceridad y amor. En este círculo íntimo se desarrollan las primeras actitudes y las que son las más duraderas como relaciones, y se trasmiten los valores de una generación a la siguiente.

Dios también deseaba que por las relaciones familiares se obtuviera una revelación de sí mismo y de sus caminos. El matrimonio debe estar sostenido con amor mutuo, honor, intimidad y una dedicación para toda la vida, pues son los materiales que lo constituyen. Esta unión refleja el amor, la santidad, la proximidad y la permanencia del lazo entre Cristo y su iglesia. El adiestramiento y la corrección de los niños par sus padres, y la correspondiente respuesta de los hijos al afecto que les muestran, refleja la experiencia de los creyentes como hijos de Dios. Por la gracia de Dios, la familia puede ser una agencia poderosa para conducir a sus miembros a Cristo.

El pecado ha pervertido los ideales de Dios para el matrimonio y la familia. Además, la complejidad creciente de la sociedad y el enorme estrés que afecta a las relaciones lleva a que haya crisis en muchas familias actuales. Los resultados son evidentes en las vidas con relaciones quebradas, que son disfuncionales, y caracterizadas por una falta de confianza, conflictos, hostilidad y separación. Muchos miembros de la familia, incluyendo a los padres y los abuelos, pero especialmente las esposas y los hijos, sufren de violencia familiar. El abuso, tanto emocional como físico, ha alcanzado proporciones epidémicas. El creciente número de divorcios es una señal de un alto grado de discordia e infelicidad matrimoniales.

Las familias necesitan experimentar una renovación y una reforma en sus relaciones. Esto les ayudara cambiar las actitudes y prácticas destructivas que prevalecen en muchos hogares de hoy. Mediante el poder del evangelio, los miembros de las familias son capacitados para reconocer su pecaminosidad individual, y para aceptar las necesidades de unos y otros, y recibir el efecto redentor de Cristo en sus vidas, si las relaciones familiares no llegan a ser las ideales, y el restablecimiento de las experiencias dañinas sufridas no se logran en forma completa, donde reina el amor de Cristo, su Espíritu promoverá la unidad y la armonía, haciendo de esos hogares canales de gozo y poder que den vida en la iglesia y en la comunidad.

Afirmación del matrimonio

Declaración

Las cuestiones relativas al matrimonio sólo pueden ser apreciadas en su verdadera dimensión cuando se las contempla en el contexto del ideal divino para el mismo. Dios estableció el matrimonio en el Edén, y Jesucristo afirmó su carácter monógamo y heterosexual, definiéndolo como una unión de amor y compañerismo para toda la vida entre un hombre y una mujer. Al culminar su actividad creadora, Dios formó a la humanidad como hombre y mujer hecho a su propia imagen; e instituyo el matrimonio como un pacto basado en la unión física, emocional y espiritual de dos géneros, a la que la Escritura llama “una sola carne”.

La unidad matrimonial, formada por la diversidad de los dos géneros humanos, refleja de un modo singular la unidad dentro de la diversidad de la propia Divinidad. A través de toda la Escritura, la unión heterosexual en el matrimonio es exaltada como un símbolo de los lazos entre Dios y la humanidad. Es un testimonio humano del amor de un Dios que se da a si mismo y de su alianza con su pueblo. La armoniosa vinculación de un hombre y una mujer en el matrimonio es el microcosmos de la unidad social que siempre ha sido reconocida como el ingrediente fundamental de las sociedades estables. Además, en la intención del Creador, la sexualidad matrimonial no estaba destinada a servir solo a un fin cohesivo, debía también contribuir a la propagación y perpetuación de la familia humana. En el propósito divino, la procreación brota de, y se entrelaza con el mismo proceso mediante el cual el esposo y la esposa pueden encontrar alegría, placer e integridad física. Es precisamente a un marido y a una esposa, cuyo amor les ha permitido conocerse el uno al otro en un vínculo sexual profundo, a quienes un niño puede ser confiado. EI hijo es la personificación viviente de su propia unidad. EI niño en crecimiento se desarrolla idóneamente en la atmosfera de unidad y amor matrimonial en el cual fue concebido, y se beneficia de la relación con cada uno de sus padres naturales.

Se declara que la unión monógama de un hombre y una mujer es el fundamento divinamente ordenado de la familia y de la vida social, y que es el único ámbito moralmente apropiado para la expresión genital y las intimidades sexuales a ella asociadas. No obstante, el estado matrimonial no es el único plan de Dios para satisfacer las necesidades humanas de relación o para conocer la experiencia de la familia. Las personas que están solas en la vida y la amistad entre ellas está también dentro del plan de Dios. EI compañerismo y el apoyo de los amigos aparecen de modo destacado en ambos testamentos de la Biblia. La confraternidad de la iglesia, la casa de Dios, está disponible para todos, independientemente de su estado civil. Sin embargo, la Escritura establece una clara demarcación social y sexual entre dichas relaciones de amistad y el matrimonio.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día se adhiere sin reservas a esta visión bíblica del matrimonio, creyendo que cualquier atenuación de esa elevada perspectiva supone, en idéntica medida, una rebaja del ideal celestial. Debido a que el matrimonio ha sido corrompido por el pecado, la pureza y la belleza del mismo, tal y como fue concebido por Dios, necesitan ser restauradas. Por medio de una adecuada valoración de la obra redentora de Cristo y de la acción de su Espíritu en los corazones humanos, puede recobrarse el propósito original del matrimonio y realizarse la deliciosa y benéfica experiencia del matrimonio de un hombre y una mujer que unen sus vidas en el compromiso conyugal.

Armas de asalto

Declaración

Las armas automáticas y semiautomáticas de asalto de estilo militar están siendo cada vez más accesibles para los civiles. En algunas áreas del mundo es relativamente fácil adquirir tales armas. Se muestran no sólamente en las calles, también en manos de adolescentes en edad escolar. Muchos crímenes se cometen usando este tipo de armas. Están hechas para matar personas. No tienen un uso recreativo legítimo.

Las enseñanzas y ejemplo de Cristo constituyen una guía para los cristianos hoy día. Cristo vino al mundo para salvar vidas, no para destruirlas (Lucas 9:56). Cuando Pedro esgrimió su arma Jesús le dijo: “Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán” (Mat. 26:52). Jesús no se involucró en la violencia.

El argumento que esgrimen algunos es que al limitar el acceso a las armas de asalto se limitan los derechos de la población, y que las armas no cometen los crímenes sino las personas. Aunque es cierto que la violencia y las inclinaciones criminales llevan a las armas, también es cierto que el acceso a las armas llevan a la violencia. La oportunidad de los civiles de adquirir por compra o de otro modo armas automáticas o semi-automáticas de asalto solamente incrementa el número de muertes como resultado de crímenes humanos. La posesión de armas por parte de los civiles en los Estados Unidos se ha incrementado en un 300% aproximadamente en los últimos 4 años. Durante el mismo período de tiempo, también ha habido un asombroso incremento en el número de ataques armados y muertes como resultado de los mismos.

En la mayor parte del mundo tales armas no se pueden conseguir de forma legal. La Iglesia contempla con alarma la relativa facilidad con la que pueden ser adquiridas en algunas áreas. Su accesibilidad sólo puede abrir la posibilidad de más tragedias.

La persecución de la paz y la preservación de la vida deben ser los objetivos de los cristianos. El mal no puede enfrentarse de forma efectiva con el mal, sino que debe vencerse con el bien. Los Adventistas del Séptimo Día, con otras personas de buena voluntad, quieren cooperar usando todo medio legítimo para reducir y eliminar cuando sea posible, las raices que causan el crimen. Adicionalmente, con la seguridad pública y con el valor de la vida humana en mente, la venta de armas de asalto automáticas o semi-automáticas debería ser estrictamente controlada. Esto puede reducir el uso de armas por perturbados mentales y criminales, especialmente aquellos relacionados con las drogas y las bandas de delincuencia.

Esta declaración pública fue publicada por el presidente de la Asociación General, Neal C. Wilson, tras consultar con los 16 vicepresidentes mundiales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, el 5 de julio de 1990, en el Congreso Mundial en Indianápolis, Indiana.

Bienestar y derechos del niño

Declaración

Los Adventistas del Séptimo Día afirman el derecho de cada niño a tener un ambiente feliz y estable en su hogar, y la libertad y el apoyo para crecer para llegar ser una persona según Dios desea. En 1989, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció la importancia fundamental de los niños aprobando la “Convención sobre los Derechos del Niño”. En armonía con muchos de estos nobles principios, y considerando el valor que Jesús dio a los niños cuando dijo, “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos.” (Mat. 19:14 ), buscamos ayudar a los niños que sufren de las siguientes influencias destructivas:

Pobreza – La pobreza impacta en el desarrollo de los niños, privándoles de la comida que necesitan, ropa y refugio, y afectando adversamente su salud y educación.

Analfabetismo – El analfabetismo hace que los padres tengan problemas para obtener ingresos para su familia o para que el niño o la niña pueda alcanzar su potencial.

Cuidados de salud deficientes – Millones de niños no tienen acceso a servicios de salud por no estar cubiertos por un seguro apropiado o por vivir en un lugar donde el cuidado médico no está disponible.

Explotación y Vulnerabilidad – Los niños son corrompidos y explotados cuando son usados para trabajos arduos, conflictos armados, y el placer sexual pervertido de predadores adultos, y son expuestos a material sexualmente explícito en los medios, incluyendo el Internet.

Violencia – Cada año muchos niños sufren muertes violentas. La vasta mayoría de individuos que sufren en conflictos armados son mujeres y niños. Los niños llevan profundas cicatrices, tanto físicas como psicológicas, aún después de terminado el conflicto.

En respuesta a los problemas y necesidades antes expuestos, los Adventistas del Séptimo Día han adoptado los siguientes derechos para los niños:

1. El derecho a un hogar amoroso y estable donde haya seguridad y esté libre de abuso.

2. El derecho a comida, ropa y refugio adecuados.

3. El derecho a debidos cuidados médicos y de salud.

4. El derecho a una educación que prepare a los niños para un rol positivo en la sociedad, desarrollando su potencial personal y permitiéndoles adquirir capacidades.

5. El derecho a una educación religiosa y moral en el hogar y en la iglesia.

6. El derecho a estar libres de discriminación y explotación.

7. El derecho a ser tratado como persona, a ser respetado, y a desarrollar una autoestima positiva.

Clonación humana, Consideraciones éticas

Declaración

Durante varias décadas se consideraba improbable la perspectiva de que pudieran producirse por clonación nuevos miembros de la familia humana. Sin embargo, los avances recientes en el área de la genética y la biología de la reproducción, han indicado que podrían desarrollarse muy pronto las técnicas para la clonación de seres humanos. Juntamente con esta perspectiva viene la responsabilidad cristiana de considerar las profundas implicaciones éticas asociadas con la clonación humana. Como cristianos que creen firmemente en el poder creativo y redentor de Dios, los adventistas aceptan la responsabilidad de enunciar principios éticos que emergen de sus creencias. La clonación incluye todos esos aspectos por medio de los cuales se producen réplicas de plantas y animales vivientes a través de medios sexuales – métodos que no implican la fusión de los gametos femeninos y masculinos. Muchos procesos naturales son ciertas formas de clonación. Por ejemplo, los microorganismos, como la levadura común, se reproducen partiéndose en dos células hijas que son clones de la célula madre y una de la otra.

Al cortar una rama de una planta de rosas o de una vid, haciéndola propagarse en otra planta completa, se crea también un clon de la planta original. De la misma manera, muchos organismos animales simples, tales como la estrella de mar, pueden generar organismos completos a partir de pequeñas partes de un predecesor. Por tanto, el principio biológico de la clonación no es nada nuevo. La nueva técnica usada se conoce como transferencia nuclear de célula somática. La esencia de este método es tomar una célula de un ser viviente y manipularla de manera que se comporte como una célula embrionaria.

Dadas las condiciones apropiadas, la célula embrionaria puede proliferar y generar un nuevo y completo ser.

Actualmente esta reprogramación celular se lleva a cabo colocando una célula completa adulta dentro de un óvulo más grande a la que se le ha quitado el núcleo. El óvulo utilizado en este proceso funciona como incubadora, proveyendo un ambiente esencial para reactivar genes de la célula adulta. El óvulo alterado debe entonces ser implantado en un organismo femenino adulto para su gestación. Los biólogos han desarrollado esta técnica como un instrumento en la cría de animales. A través de éste esperan crear un conjunto de animales bien calificados, genéticamente idénticos al ejemplar seleccionado. Los beneficios potenciales de esta tecnología, que incluyen la expectativa de lograr productos para el tratamiento de las enfermedades humanas, son de gran interés para los investigadores y para la industria birotécnica. Sin embargo, la misma capacidad tecnológica podría ser utilizada para la clonación humana, lo cual causa serias preocupaciones éticas. La primera de estas preocupaciones es la seguridad médica. Si fuera a usarse en los seres humanos la técnica actual de transferencia nuclear de célula somática, deben obtenerse donadores de óvulos. La mayoría de éstos se destruyen por causa de las manipulaciones celulares durante las primeras fases de crecimiento embrionario en el laboratorio. Otros se perderán después de su implantación, abortados espontáneamente en algunas de las fases del desarrollo fetal. En ese sentido, la sensibilidad exhibida hacia el valor de la vida fetal y embrional será similar a la relacionada con el desarrollo de otros métodos de reproducción manipulada, tales como la fertilización in vitro.

Habría probablemente un aumento en el riesgo de defectos de nacimiento en los niños bajo estas condiciones.

Actualmente, las preocupaciones con respecto al daño físico causado a vidas en desarrollo, implícito en el acto de desarrollar vidas humanas, es suficiente como para descartar el uso de esta tecnología. Sin embargo, aun cuando mejora el promedio de éxito de clonación y disminuyeran los riesgos médicos, quedarían todavía serias inquietudes. Por ejemplo, ¿Es intrínsecamente problemático crear un individuo que no es el producto de la fertilización de un óvulo a través de un espermatozoide? Se necesitan estudios más amplios para resolver los interrogantes con respecto a la naturaleza esencial de la procreación en el plan de Dios. Otras de las preocupaciones expresadas más frecuentemente es que se ponga en peligro la dignidad y singularidad de una persona producida por clonación. Este riesgo incluye el daño sicológico que puede experimentar la persona, que sería lo que se ha llamado “gemelo idéntico diferido” del individuo que proporcionó la célula inicial. ¿Tiene el ser humano el derecho de ejercer nivel de control sobre el destino genético en un nuevo individuo? Existe también la preocupación de que la clonación humana pueda socavar las relaciones familiares.

Podría reducirse la fidelidad hacia los compromisos con respecto a las funciones unitivas y procreadoras de las relaciones sexuales humanas. Por ejemplo, podría considerarse la práctica cuestionable de usar un substituto gestante.

El uso de la célula de un donador que no forma parte de la pareja matrimonial puede acarrear problemas en términos de relaciones y responsabilidades. Un riesgo adicional es que la clonación podría llevar al uso ventajoso de aquellos seres producto de clonación, a quienes se les asigna valor primordialmente en términos de su utilidad. Por ejemplo, siempre habrá la tentación de clonar individuos que sirvan para proporcionar órganos para su trasplante. Hay otros cuya preocupación es la creación deliberada de individuos subordinados o con calidad de siervos, cuya autonomía sería violada.

Los individuos egoístas o narcisistas podrían sentirse inclinados a usar la tecnología para “duplicarse” ellos mismos. Finalmente, el costo financiero de la clonación sería probablemente muy considerable, aun después de su perfeccionamiento tecnológico. Si fuera a comercializarse la clonación, se añadirían conflictos de interés al riesgo del abuso. Aunque ésta es solamente una lista parcial de los usos erróneos y peligros potenciales de la clonación humana, debe ser suficiente para hacer meditar a los cristianos que deseen aplicar los principios morales de su fe a la cuestión de la clonación humana. Sin embargo, es importante que tales preocupaciones respecto a los abusos de la tecnología, no nublen nuestra visión de las posibilidades de usarla para atender necesidades humanas genuinas.

El motivo de esta declaración de relevantes principios cristianos es la posibilidad de clonación humana, aun cuando parezca remota. Deben aplicarse los siguientes principios éticos a la transferencia nuclear de célula somática si tal tecnología fuera a aplicarse a seres humanos. El ritmo vertiginoso de progreso en este campo requerirá una revisión periódica de esos principios a la luz de nuevos desarrollos. Protección de la vulnerable vida humana. Las Escrituras son muy claras en cuanto a proteger la vida humana, especialmente aquellas vidas que son más vulnerables (Deut. 10: 17-19; Isa. 1:16, 17; Mat. 25: 31-46). La tecnología biológica de clonación es éticamente inaceptable siempre que represente un riesgo desproporcionado de daño a la vida humana.

Protección de la dignidad humana. Los seres humanos fueron creados a la imagen de Dios (Gén. 1:26, 27), concediéndoseles por tanto la dignidad personal que merece respeto y protección (Gén, 9:6), La clonación podría amenazar la dignidad humana en diferentes formas, por lo cual debe ejercerse una vigilancia moral resuelta. Debe ser rechazado por cualquier uso de tecnología que socave o disminuya la dignidad personal o la autonomía de los seres humanos. Esta prohibición moral se aplica a toda clonación humana que valore la vida humana primordialmente en términos de su función utilitaria o su valor comercial.

Alivio del sufrimiento humano. Es una responsabilidad cristiana de prevenir el sufrimiento y preservar la calidad de la vida humana (Hech. 10:38; Luc. 9:2). Si es posible prevenir enfermedades genéticas a través del uso de transferencia nuclear de célula somática, el uso de esta tecnología podría tener el objetivo de prevenir sufrimiento evitable.

Apoyo familiar. El plan de Dios es que sus hijos se desarrollen en el contexto de una familia amorosa con la presencia, participación y apoyo tanto del padre como de la madre (Prov. 22: 6; Sal. 128: 1-3; Efe. 6: 4; 1 Tim. 5: 8). Cualquier uso de transferencia nuclear de célula somática, como medio de participación en la reproducción humana, debe ocurrir en el contexto de la fidelidad en el matrimonio y el apoyo de una familia estable. Como en el caso de otras formas de reproducción asistida, la participación de una tercera parte como lo es la persona substituta, introduce problemas morales que sería mejor evitar.

Mayordomía. Los principios de la mayordomía cristiana (Luc. 14:28; Prov. 3:9) son importantes en relación con todo tipo de reproducción humana asistida, incluyendo la posibilidad de la transferencia nuclear de la célula somática, que probablemente sería sumamente costosa. Las parejas matrimoniales que buscan tales medios deben considerar los gastos implicados en términos del ejercicio de su mayordomía.

Veracidad. La demanda de las Escrituras en cuanto a la comunicación es que sea honesta (Prov. 12: 22; Efe. 4: 15, 25). Cualquier uso de clonación propuesto debe explicarse por medio de los datos informativos más precisos que estén disponibles, incluyendo la naturaleza del procedimiento, sus riesgos potenciales y su costo.

Comprensión de la creación de Dios. El deseo de Dios para los seres humanos es que aumente su aprecio y comprensión de su creación, que incluye el conocimiento con respecto al cuerpo humano (Mat. 6: 26-29; Sal. 8: 3-9; 139: 1-6; 13-16). Por esta razón, deben alentarse los esfuerzos por conocer las estructuras biológicas en relación con la vida, a través de investigaciones éticas. Dado el grado presente de conocimientos y el actual refinamiento del procedimiento de transferencia nuclear de célula somática, la iglesia Adventista del Séptimo Día considera inaceptable el uso de esta técnica para la clonación humana. Desde el punto de vista de nuestra responsabilidad para aliviar la enfermedad y enriquecer la calidad de vida humana, considera aceptable la continuación de las investigaciones con animales apropiados.

Probablemente habrá situaciones en las que se considere provechosa y moralmente aceptable la clonación humana. Es posible, por ejemplo, imaginar circunstancias en las que se contemple la clonación en el contexto del matrimonio, como único medio disponible de reproducción para una pareja que no puede participar de la procreación normal. En otros casos, los padres potenciales podrían ser agentes de los genéticos defectuosos y desearían evitar del riesgo de dar a luz un bebé con una enfermedad genética. El uso de transferencia nuclear de célula somática podría ayudar a los padres a tener un hijo libre de esa enfermedad genética. Por supuesto, muchas de las inquietudes con respecto a la identidad y dignidad personal continúan presentes aun en el contexto de la fidelidad familiar. Como sucede con otras formas de reproducción humana asistida, los beneficios potenciales de la transferencia nuclear de célula somática deben ser comparados con sus riesgos.

Confianza en el Espíritu de Profecía

Declaración

Nosotros, los delegados reunidos en Utrecht para celebrar el 56º Congreso de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, alabamos y agradecemos a Dios por el gracioso don del Espíritu de Profecía.

En Apocalipsis 12, Juan el revelador identifica a la iglesia en los últimos días como “el remanente”, “el resto”,… “los cuales guardan los mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo” (versículo 17). Creemos que, en este breve cuadro profético, el Revelador está describiendo a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, la cual, no sólo guarda “los mandamientos de Dios”, sino que tiene también “el testimonio de Jesucristo”, el cual es “el espíritu de profecía” (Apocalipsis 19:10).

En la vida y el ministerio de Elena G. White (1827-1915), vemos cumplida la promesa de Dios de proveer y otorgar a la iglesia remanente “el espíritu de profecía”. Aunque Elena G. White nunca reclamó para si el título de “profeta”, creemos que hizo la obra de un profeta, y más que un profeta. Ella dijo: “Mi misión abarca la obra de un profeta pero no termina allí” (Mensajes Selectos, t.1, p. 40). “Si otros me llaman así [profetisa], no lo discuto” (Ibíd., p. 39); “Mi obra incluye mucho más de lo que significa ese nombre. Me considero a mí misma como una mensajera, a quien el Señor le ha confiado mensajes para su pueblo” (ibíd., p. 40).

La misión principal de Elena G. de White fue dirigir la atención hacia las Sagradas Escrituras. Ella escribió: “Poco caso se hace a la Biblia y el Señor ha dado una luz menor para guiar a los hombres y mujeres a la luz mayor” (El colportor evangélico, p. 174). Ella creía que, aunque sus escritos eran una “luz menor”, eran luz, y que la fuente de esa luz es Dios.

Como adventistas del séptimo día creemos que “En su Palabra Dios comunicó a los hombres el conocimiento necesario para la salvación. Las Santas Escrituras deben ser aceptadas como dotadas de autoridad absoluta y como revelación infalible de su voluntad. Constituyen la regla del carácter; nos revelan doctrinas, y son la piedra de toque de la experiencia religiosa” (El conflicto de los siglos, p. 9). Aunque consideramos que el canon bíblico está cerrado, creemos también, como creyeron los contemporáneos de Elena G. White, que sus escritos tienen autoridad divina, tanto en lo que se refiere a la vida cristiana como a la doctrina. Por lo tanto, recomendamos que,

1. Busquemos como iglesia el poder del Espíritu Santo para aplicar más plenamente a nuestras vidas el consejo inspirado contenido en los escritos de Elena G. White, y,

2. Que incrementemos los esfuerzos para publicar y hacer circular estos escritos alrededor del mundo.

Cuidando la Creación – Declaración sobre el medio ambiente

Declaración

El mundo en el que vivimos es un don de amor de Dios el Creador, de “Aquél que que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14:7; 11:17, 18). Colocó a los seres humanos en esta creación, puestos intencionalmente en relación consigo mismo, otras personas, y el mundo que les rodea. Por lo tanto, como Adventistas del Séptimo Día, apoyamos su preservación y cuidado como algo íntimamente relacionado con nuestro servicio a Dios.

Dios apartó el séptimo día sábado como monumento y perpetuo memorial de su acto creador y establecimiento del mundo. Al reposar en este día, los Adventistas del Séptimo Día refuerzan el sentido especial de relación con el Creador y con su creación. La observancia del sábado subraya la importancia de nuestra integración con todo el medio ambiente.

La decisión humana de desobedecer a Dios rompió el orden original de la creación, resultando en una desarmonía extraña a los propósitos divinos. De este modo, nuestr aire y nuestras aguas están contaminadas, los bosques y vida salvaje son despojados y los recursos naturales explotados. Dado que reconocemos que los seres humanos son parte de la creación de Dios, nuestra preocupación por el medio ambiente se extiende a la salud personal y al estilo de vida. Abogamos por una forma de vida integral y rechazamos el uso de substancias tales como el tabaco, alcohol y otras drogas que dañan el cuerpo y consumen los recursos de la tierra; y promovemos una dieta vegetariana sencilla.

Los Adventistas del Séptimo Día están comprometidos con una relación respetuosa, cooperativa entre todas las personas, reconociendo nuestro origen común y dándonos cuenta de que nuestra dignidad humana es un don del Creador. Como la pobreza humana y la degradación medioambiental están relacionadas, nos comprometemos a mejorar la calidad de vida de todas las personas. Nuestra meta es un desarrollo sostenible de recursos mientras se suplen las necesidades humanas.

El progreso genuino hacia el cuidado de nuestro medio ambiente natural recae en el esfuerzo personal y cooperativo. Aceptamos el desafío de trabajar hacia la la restauración del diseño global de Dios. Movidos por la fe en Dios, nos comprometemos a promover la sanación que surge tanto en los niveles personal como medioambiental de vidas integradas y dedicadas a servir a Dios y a la humanidad.

En este compromiso confirmamos nuestra mayordomía de la creación de Dios y creemos que la restauración total será completa solamente cuando Dios haga nuevas todas las cosas.

Esta declaración fue aprobada y votada en el Concilio Anual  por el Consejo Ejecutivo de la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Silver Spring, Maryland, el 12 de Octubre de 1992.

EI fumar y la ética

Declaración

Fumar es la mayor causa de muertes que se podrían evitar en el mundo. “La prevención es mejor que la curación”, dice un concepto universal de ética. En lo que respecta al fumar, la mayoría de los países se encuentra frente a una paradoja ética: aunque muchas décadas de investigación han producido evidencias incontrovertibles de los riesgos para la salud que produce el fumar cigarrillos, la industria del tabaco continua floreciendo, a menudo con el apoyo tácito a mas declarado del gobierno. La ética del fumar es aun más seria por las revelaciones alarmantes acerca de las muertes y riesgos para la salud causados par el fumar “de segunda mano”.

Un serio problema ético es la exportación de cigarrillos a países en desarrollo, especialmente los cigarrillos con ingredientes letales más elevados de lo que se admite en otras partes.

Por más de un siglo la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha advertido a sus jóvenes y al público en general con respecto a la naturaleza adictiva y destructora de la salud que produce el fumar cigarrillos. Los cigarrillos son un riesgo de salud a nivel mundial por la combinación de la adicción junto con la avaricia económica de la industria del tabaco y otros segmentos de la comunidad mercantil. Los adventistas creen que la ética de la prevención requiere políticas públicas que reduzcan el fumar, tales como:

1. Una prohibición uniforme de la publicidad del tabaco;

2. Ordenanzas para proteger a los niños y los jóvenes, que son el blanco favorito de la industria del tabaco;

3. Leyes más estrictas que prohíban fumar en lugares públicos;

4. Un uso más agresivo y sistemático de los medias para educar a las jóvenes acerca de los riesgos del fumar;

5. Impuestos sustancialmente más elevados sobre los cigarrillos;

6. Reglas que requieran que la industria del tabaco pague las costas del cuidado de la salud asociadas con el uso de sus productos.

Reglas como estas salvarían millones de vidas cada año.

EI medio ambiente

Declaración

Los adventistas creen que la humanidad fue creada a la imagen de Dios, y así representan a Dios como administradores, para gobernar el ambiente en forma fiel y fructífera.

Desafortunadamente, la corrupción y la explotación han entrado en las responsabilidades de la administración del dominio humano. En forma creciente, los hombres y las mujeres han estado involucrados en una destrucción megalomaníaca de los recursos de la tierra, lo que resulta en sufrimientos extendidos, desarreglos ambientales y la amenaza de cambios en el clima. Aunque la investigación científica debe continuar, resulta claro por las evidencias acumuladas que el aumento de emisión de gases destructivos, el agotamiento de la capa protectora de ozono, la destrucción masiva de los bosques americanos y el así llamado “efecto invernadero”, todos amenazan el ecosistema de la Tierra.

Estos problemas son principalmente debidos al egoísmo humano y a la búsqueda egocéntrica de tener más y más mediante la producción siempre creciente, el consumo ilimitado y el agotamiento de los recursos no renovables. La crisis ecológica está arraigada en la avaricia de la humanidad y en el rechazo de la práctica de una buena y fiel administraci6n dentro de los límites divinos de la creación.

Los adventistas abogan por un estilo de vida sencillo y saludable, en el que la gente no participa de la rutina del consumismo ilimitado, la búsqueda incesante de bienes y la producci6n de basura. Llamamos a respetar la creaci6n, a restringir el uso de los recursos del mundo, a evaluar de nuevo las necesidades personales y a reafirmar la dignidad de la vida creada.

EI racismo

Declaración

Uno de los males odiosos de nuestros días es el racismo, la creencia o la práctica que considera o trata a ciertos grupos raciales como inferiores y, por lo tanto, justifica que se los haga objeto de discriminación, dominación y segregación.

Aunque el pecado del racismo es un fenómeno muy antiguo basado en la ignorancia, el miedo, la separación y el falso orgullo, algunas de sus manifestaciones más repugnantes han ocurrido en nuestros días. El racismo y los prejuicios irracionales actúan como un círculo vicioso. El racismo está entre los prejuicios más arraigados que caracterizan a los seres humanos pecaminosos. Sus consecuencias son generalmente muy devastadoras, porque el racismo fácilmente llega a institucionalizarse y a legalizarse en forma permanente, y sus manifestaciones extremas pueden conducir a una persecución sistemática y aun al genocidio.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día deplora todas las formas de racismo, incluyendo la política del apartheid con su segregación forzada y su discriminación legalizada.

Los adventistas desean ser fieles al ministerio reconciliador asignado a la iglesia cristiana. Como una comunidad mundial de fe, la Iglesia Adventista del Séptimo Día desea testificar y exhibir en sus propias filas la unidad y el amor que trasciende las diferencias raciales y se sobrepone a la pasada alienación entre las razas.

Las Escrituras claramente enseñan que cada persona fue creada a la imagen de Dios, quien “de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra” (Hech. 17:26). La discriminación racial es un agravio a los seres humanos compañeros nuestros, quienes fueron creados a la imagen de Dios. Por lo tanto, el racismo es realmente una herejía y en esencia una forma de idolatría, porque limita la paternidad de Dios al negar la hermandad de toda la humanidad y al exaltar la superioridad de la raza de uno mismo.

Las normas para los adventistas son reconocidas en la Creencia Fundamental N° 14, basada en la Biblia, “La unidad en el cuerpo de Cristo”. Allí se señala: “En Cristo somos una nueva creación; las distinciones de raza, cultura, educación y nacionalidad, así como las diferencias entre posiciones elevadas y humildes, ricas y pobres, varones y mujeres, no deben producir divisiones entre nosotros. Somos todos iguales en Cristo, el cual por un Espíritu nos ha unificado en una comunión con él y los unos con los otros; debemos servir y ser servidos sin parcialidad ni reservas”.

Cualquier otro enfoque destruye el centro del evangelio cristiano.

El Control de natalidad

Declaración

Las tecnologías científicas de nuestros días permiten un control de la fertilidad y la reproducción humana, mayor que en el pasado. Esas tecnologías hacen posible que las expectativas de embarazo y nacimiento resultantes de la relación sexual sean grandemente reducidas. Los matrimonios cristianos tienen la posibilidad de controlar la fertilidad, lo que ha creado muchas discusiones con una amplia gama de implicaciones religiosas, médicas, sociales y políticas. Las oportunidades y beneficios existen debido a las nuevas técnicas, pero también hay desafíos y desventajas. En ese sentido, deben considerarse varias cuestiones morales. Los cristianos, que son los que finalmente deben hacer sus propias elecciones sobre estos asuntos, deben ser informados para que puedan tomar decisiones sólidas basadas en principios bíblicos.

Entre los asuntos que deben ser considerados está la cuestión de si la intervención humana en el proceso biológico natural, es apropiada o no. Si se considera que una intervención tal es apropiada, entonces se levantan otras cuestiones adicionales en relación con el qué, cuándo y cómo debe ser hecha esa intervención. Hay, además, otros asuntos relacionados, tales como:

  • La posibilidad del aumento de la inmoralidad sexual, en virtud de la disponibilidad y del uso que los métodos de control de natalidad pueden promover.
  • El asunto del dominio de uno de los sexos en relación con los privilegios y prerrogativas sexuales, tanto de las mujeres como de los hombres.
  • Diversos asuntos sociales, incluyendo la discusión sobre si una sociedad tiene derecho a limitar la libertad individual en beneficio e interés de la sociedad en general; y la discusión sobre la carga y el apoyo económico y educacional para los que están en desventajas.
  • Asuntos relacionados con el aumento de la población mundial y con el uso de los recursos naturales.

Entendemos que una declaración sobre las consideraciones morales en relación con el control de la natalidad debe ser vista dentro del contexto más amplio de las enseñanzas bíblicas acerca de la sexualidad, el matrimonio, la paternidad, y el valor de los hijos; y que debe haber una comprensión de la interrelación entre esos asuntos. Conscientes de que dentro de la iglesia hay una diversidad de opiniones al respecto, se mencionan los siguientes principios bíblicos con el objeto de educar y ayudar en la toma de decisiones.

1. Mayordomía responsable. Dios creó a los seres humanos a su propia imagen, hombre y mujer, con la capacidad de pensar y tomar decisiones (Isaías 1:18; Josué 24:15; Deuteronomio 30:15-20). Dios le dio a los seres humanos el dominio sobre la tierra (Génesis 1: 26, 28). Ese dominio requiere e incluye la supervisión y cuidado de la naturaleza. La mayordomía cristiana requiere también que se asuma la responsabilidad por la procreación humana. La sexualidad, como uno de los aspectos de la naturaleza humana sobre la cual el individuo ejerce mayordomía, debe ser expresada en armonía con la voluntad de Dios (Éxodo 20:14; Génesis 39:9; Levítico 20:10-21; 1Corintios 6:19,20).

2. Propósito de la procreación. La perpetuación de la familia humana es uno de los propósitos de Dios para la sexualidad humana (Génesis 1:28). Aunque, de manera general, se puede inferir que los matrimonios están destinados a producir descendientes, la Escritura nunca presenta la procreación como una obligación de la pareja a fin de agradar a Dios. Sin embargo, la revelación divina le confiere un alto valor al hecho de tener hijos y expresa la alegría encontrada en la paternidad (Mateo 19:14; Salmos 127:3). Tener y educar hijos ayuda a los padres a entender a Dios y a desarrollar compasión, solicitud, humildad y abnegación (Salmos 103:3; Lucas 11:13).

3. Propósito unificador. La sexualidad tiene un propósito unificador dentro del matrimonio, propósito que es ordenado por Dios y se distingue del propósito pro creativo (Génesis 2:24). El propósito de la sexualidad en el matrimonio incluye alegría, placer, y deleite (Eclesiastés 9:9; Proverbios 5:18, 19; Cantares 4:16-5:1). El propósito de Dios es que los casados puedan tener comunión sexual, independiente de la procreación (1Corintios 7:3-5), una comunión que establezca lazos fuertes y que proteja a los cónyuges de una relación impropia con otra persona (Proverbios 5:15-20; Cantares 8:8,7). En el designio de Dios, la intimidad sexual no tiene como único propósito la concepción. La Escritura no prohíbe que las parejas casadas disfruten de las delicias de las relaciones conyugales, aunque tomen medidas para prevenir el embarazo.

4. Libertad de elección. En la creación, y de nuevo a través de la redención provista por Cristo, Dios les dio a los seres humanos libertad de elección, y les pide que usen su libertad responsablemente (Gálatas 5:1, 13). En el plan divino, el marido y la mujer constituyen una unidad familiar única, y tienen ambos la libertad y la responsabilidad de participar en la toma de decisiones acerca de su familia (Génesis 2:24). Los cónyuges deben ser considerados el uno con el otro al tomar decisiones acerca del control de la natalidad, estando dispuestos a considerar las necesidades del otro así como las suyas propias (Filipenses 2:4). Para aquellos matrimonios que deciden tener hijos, la elección pro creativa tiene límites, ya que hay varios factores que deben orientar su elección, tales como la capacidad para proveer a las necesidades de los hijos (1Timoteo 5:8); la salud física, emocional, y espiritual de la madre (3Juan 2; 1Corintios 6:19; Filipenses 2:4; Efesios 5:25); las circunstancias sociales y políticas en las cuales los hijos nacerán (Mateo 24:19); la calidad de vida y otros recursos globales disponibles. Somos mayordomos de la creación de Dios y, por lo tanto, debemos mirar más allá de nuestra propia felicidad y deseos y considerar las necesidades de los demás (Filipenses 2:4).

5. Métodos apropiados para el control de la natalidad. La decisión moral acerca de la elección y uso de los diferentes métodos para el control de la natalidad debe surgir de la comprensión de sus probables efectos sobre la salud física y emocional, de la forma sobre la cual dichos métodos o agentes actúan, y de los gastos financieros involucrados. Hay varios métodos de control de la natalidad, incluyendo los métodos de barrera, los espermicidas, y la esterilización, que impiden la concepción y son moralmente aceptables. Algunos métodos contraceptivos pueden impedir la liberación del óvulo (ovulación), impidiendo la unión del óvulo y el espermatozoide (fertilización), o pueden impedir la fijación del óvulo ya fertilizado (implantación), pero, debido a la incertidumbre acerca de como funcionarán en un caso dado, pueden ser considerados moralmente sospechosos por quienes creen que la protección de la vida humana comienza en la fertilización. Sin embargo, considerando que la mayoría de los óvulos fertilizados no llegan a implantarse o se pierden después de la implantación, aunque no se hayan usado métodos de control de la natalidad, los métodos hormonales de control y los DIU, que representan un proceso similar, pueden ser vistos como moralmente aceptables. El aborto, es decir, la intencional terminación de un embarazo establecido, no es moralmente aceptable para propósitos del control de la natalidad.

6. Mal uso del control de la natalidad. Aunque la creciente capacidad técnica para manejar los asuntos que tienen que ver con la fertilidad y para protegerse contra las enfermedades sexualmente transmisibles pueden ser útiles a muchas parejas casadas, el control de la natalidad puede ser mal usado. Por ejemplo, aquellos que se envuelven en relaciones sexuales pre marital o extramarital pueden consentir más rápidamente en tales conductas a causa de la disponibilidad de los métodos de control de la natalidad. Es verdad que el uso de esos métodos para proteger las relaciones sexuales fuera del matrimonio, puede reducir los riesgos de contraer enfermedades sexualmente transmisibles y/o la gravidez. Sin embargo, el sexo fuera del matrimonio es perjudicial e inmoral, independientemente de si esos riesgos han sido o no han sido disminuidos.

7. Un enfoque redentor. La disponibilidad que existe actualmente de los métodos de control de la natalidad hace que la educación sobre la sexualidad y la moralidad sea aun más imperativa. Debe emplearse más esfuerzos en la educación y en los enfoques redentores para que cada individuo sea persuadido por la apelación profunda del Espíritu Santo, que en la condenación.

El desamparo y la pobreza

Declaración.

En un mundo devastado por el pecado, se multiplican los amargos frutos de la codicia, la guerra y la ignorancia. Aun en las así llamadas “sociedades opulentas” los desamparados y los pobres constituyen poblaciones crecientes. Más de 10.000 personas mueren de hambre cada día. Dos mil millones de personas más están mal nutridas, y miles más se convierten en ciegos cada año por causa de deficiencias en la dieta. Aproximadamente dos tercios de la población del mundo está atrapada en un ciclo de hambre, enfermedad y muerte.

Hay quienes son culpables por su propia condición, pero la mayoría de estas personas y sus familias se encuentran desamparadas por eventos políticos, económicos, culturales y sociales, que en su mayor parte están fuera de su control.

Históricamente, los que están en tales circunstancias han encontrado socorro y auxilio en el corazón de los seguidores de Cristo. La Iglesia Adventista organizó instituciones compasivas que más tarde fueron asumidas por agencias del gobierno, o viceversa. Estas agencias, aparte de cualquier trivialidad ideológica, reflejan el reconocimiento de la sociedad de que es en bien de sus propios intereses tratar en forma compasiva a los menos afortunados.

Los especialistas en ciencias sociales nos dicen que una cantidad de males encuentra terreno fértil en la pobreza. Sentimientos de desesperanza, de alienación, de envidia y de resentimiento, a menudo conducen a actitudes y conductas antisociales. Luego la sociedad tiene que pagar los efectos posteriores de tales males por medio de tribunales, prisiones y sistemas de asistencia social. La pobreza y el infortunio, como tales, no son la causa de los crímenes y no proporcionan excusas por ellos. Pero cuando se deniegan las demandas de compasión, es muy posible que sigan el desanimo y aun el resentimiento.

La demanda de compasión cristiana está bien fundada. No surge de ninguna teoría de contratos sociales o legales, sino de la clara enseñanza de la Escritura: “Oh hombre, el te ha declarado lo que es bueno, y que pide Jehová de ti: sola mente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miq. 6:8).

El capítulo 58 de Isaías es precioso para los adventistas. Vemos en este capítulo nuestra responsabilidad como quien debe ser “reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar” (vers. 12).

Se llama a restaurar y “desatar las ligaduras de impiedad”, a partir “tu pan con el hambriento… a los pobres errantes albergues en casa… cuando veas al desnudo, lo cubras” (vers. 6, 7). Así, como reparadores de brechas, debemos restaurar y cuidar de los pobres. Al cumplir los principios de la ley de Dios en actos de misericordia y amor, representaremos el carácter de Dios ante el mundo.

Al cumplir hoy el ministerio de Cristo, debemos hacer lo que él hizo, y no solo predicar el evangelio a los pobres, sino también sanar a los enfermos, alimentar a los hambrientos y levantar a los caídos (ver Luc. 4:18, 19; Mat. 14:14). Pero el versículo 16 de Mateo 14 explica que era así para que no tengan “necesidad de irse”. El propio ejemplo de Cristo es decisivo para sus seguidores.

La respuesta que dio Jesús a la fingida preocupación de Judas por los pobres: “Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis” (Mat. 26:11), nos recuerda que lo que la gente necesita más desesperadamente es el “Pan de vida”. Sin embargo, también reconocemos que lo físico y lo espiritual son inseparables. Al apoyar los planes públicos y de la iglesia para aliviar el sufrimiento, y por los esfuerzos compasivos personales y de conjunto, aumentaremos esa misma actividad espiritual.

El hogar y la familia

Declaración

La salud y prosperidad de la sociedad están directamente relacionadas con el bienestar de sus partes constituyentes: la unidad familiar. Hoy, como probablemente nunca antes, la familia está en problemas. Los comentaristas sociales condenan la desintegración de la familia moderna. El concepto cristiano tradicional del matrimonio entre un hombre y una mujer se encuentra bajo ataque. La iglesia Adventista del Séptimo Día, en esta hora de crisis familiar, alienta a cada miembro de la familia a fortalecer su dimensión espiritual y la relación familiar a través del amor mutuo, el honor, el respeto y la responsabilidad.

La creencia fundamental Nº 22 de la iglesia basada en la Biblia expresa que la relación marital “debe reflejar el amor, la santidad, cercanía y permanencia de la relación entre Cristo y Su iglesia … Aunque algunas relaciones familiares puedan estar lejos del ideal, los cónyuges que se entregan completamente el uno al otro pueden alcanzar la unidad afectiva a través de la ayuda del Espíritu Santo y de la alimentación de la iglesia. Dios bendice la familia e intenta que sus miembros se ayuden mutuamente hasta alcanzar una completa madurez. Los padres deben criar a sus hijos para amar y obedecer al Señor. Por medio de su ejemplo y de sus palabras deben enseñarles que Cristo es un amante instructor, siempre tierno y atento, que quiere que ellos se conviertan en miembros de Su cuerpo, la familia de Dios”.

Elena de White, una de las fundadoras de la iglesia, declaró: “El trabajo de los padres es el sostén de todo lo demás. La sociedad está compuesta por familias, y ella es lo que las cabezas de la familia hacen de la sociedad. Del corazón mana la vida (Prov.4:23); y el corazón de la comunidad, de la iglesia, y de la nación es la familia. El bienestar de la sociedad, el éxito de la iglesia, la prosperidad de la nación, dependen de las influencias del hogar”. Ministerio de Curación, p. 349.

Esta declaración pública fue dada por el presidente de la Conferencia General, Neil C. Wilson, después de una consulta con los 16 vicepresidentes mundiales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, el 27 de Junio de 1985, en la sesión de la Conferencia General en New Orleans, Luisiana.

El paciente terminal

Declaración

Para la gente que vive guiada por la Biblia, la realidad de la muerte es conocida como una parte de la actual condición humana, la cual ha sido afectada por el pecado. (Génesis 2:17; Romanos 5; Hebreos 9:27). Hay un tiempo para vivir, y también para morir (Eclesiastés 3:2). Sin embargo la vida eterna es un regalo que ha sido ganado por todas aquellas personas que aceptan la salvación a través de Jesucristo, los cristianos creyentes esperan la segunda venida de Cristo para la realización de la verdadera inmortalidad (Juan 3:36; Romanos 6:23; 1 Corintios15:51-54). Mientras Jesús regresa, los cristianos deberían estar llamados al cuidar de las personas moribundas y ayudarlos a enfrentar su propia muerte.

El dolor y el sufrimiento afligen la vida de cada ser humano. Los traumas físicos, mentales y emocionales son universales. Sin embargo, el sufrimiento humano no tiene valor expiatorio o meritorio. La Biblia nos enseña que no importa cuán intenso sea el sufrimiento humano, éste no puede expiar los pecados. Sólo el sacrificio de Cristo en la Cruz es suficiente. Las Escrituras llaman a los cristianos a no desesperarse en aflicción, exhortándolos a ser obedientes (Hebreos 5:6-8), pacientes (Juan 1:2-4), y fuertes en la tribulación (Romanos 5:3). La Biblia también testifica acerca del poder que vendrá de Jesucristo (Juan 16:33) y enseña que es una importante tarea humana considerar el sufrimiento como un ministerio. (Mateo 25:34-40). Este ha sido un ejemplo que Jesús enseñó (Mateo 9:35; Lucas 10:34-36), y ese es su deseo para nosotros (Lucas 10:37). Los Cristianos visualizamos aquel día en el cual Dios pondrá fin para siempre al sufrimiento (Apocalipsis 21:4).

Los avances de la medicina moderna han contribuido en la complejidad de las decisiones acerca de prolongar la vida a las personas moribundas. En el pasado, era poco lo que se podría hacer para prolongar la vida humana. Pero el poder de la medicina hoy en día, ha generado interrogantes delicadas sobre ética y moral. ¿Cuál es la fuerza que enfrentan los cristianos sobre este poder? ¿Cuando debería ser un objetivo el de prolongar el momento de la muerte y dar paso a la muerte aliviando el dolor al final de la vida? Quién debería tomar la decisión correcta. Cuáles son los límites, si hubieran, los Cristianos deberían aceptar las acciones designadas a terminar con el sufrimiento humano?

Se ha convertido en un tema de discusión muy común bajo el título de eutanasia. Existe mucha confusión con relación a esta expresión. El significado original y literal de este término es “muerte tranquila”. Ahora el término es usado en dos diferentes sentidos. A menudo la eutanasia se refiere a muerte misericordiosa, o quitar la vida a una paciente terminal para evitar que siga sufriendo o para aliviar la carga a los familiares y a la sociedad en que vive. (Eutanasia activa). Como quiera que, la eutanasia es usada también, en forma inapropiada desde el punto de vista Adventista, para referirse a las intervenciones médicas para extender artificialmente la vida humana, en vez de permitir que la persona muera naturalmente, (Eutanasia pasiva). Los Adventistas del Séptimo Día creen que permitiendo que una paciente muera de la manera anteriormente mencionada es solo prolongar el sufrimiento y posponer el momento de la muerte, es moralmente diferente de las acciones que la ciencia médica tiene como acción primaria, la intención directa de quitar la vida humana.

Los Adventistas del Séptimo Día buscan promulgar el aspecto ético al final de la vida, a fin de demostrar que su fe en Dios como Creador y Redentor de la vida, revela cómo la Gracia de Dios los fortifica en el amor al prójimo.

Los Adventistas del Séptimo Día afirman que la vida humana como creación de Dios es un precioso regalo que debe ser protegido y sustentado (Génesis 1-2). Afirman también el precioso regalo de la redención que Dios nos provee a través de la vida eterna para todos aquellos que en él creen. (Juan 3:15; 17:3). De esta manera ellos sostienen el uso moderno de la medicina para extender la vida humana en este mundo. Sin embargo este poder se debe usar en forma compasiva que revele la gracia de Dios minimizando el sufrimiento. Desde que Dios prometió vida eterna en el nuevo universo, los cristianos no necesitamos aferrarnos a esta vida. No es necesario aceptar u ofrecer todos los avances de la medicina para prolongar el proceso de muerte.

Porque estamos llamados a cuidar el ser integral (la persona en conjunto), los Adventistas del Séptimo Día están interesados en el cuidado físico, emocional y espiritual de las personas moribundas. Esta conclusión está sustentada y basada en los siguientes principios bíblicos.

  1. Conocer la verdad. Una persona que se aproxima al final de su vida, y es capaz de entender, merece saber la verdad acerca de su condición real, los tratamientos elegidos y los posibles resultados. La verdad no debería ser ocultada, pero si compartida con amor Cristiano y sensibilidad de acuerdo a las circunstancias personales y culturales del paciente (Efesios 4:15).
  2. Libertad de elección. Dios a dado al ser humano la libertad para elegir y hacer uso de esta libertad responsablemente. Los Adventistas del Séptimo Día creen que esta libertad se extiende hasta las decisiones sobre los cuidados médicos. Después de buscar la guía divina y considerando los intereses de los afectados por esta decisión (Romanos 14:7) así como también las opiniones médicas, una persona que es capaz de decidir, debería determinar aceptar o rechazar extender las intervenciones medicas. Esas personas no deberían ser forzadas a someterse a un tratamiento médico que ellos consideren no aceptable.
  3. En caso de incapacidad del paciente. El plan de Dios para las personas es que sean alimentados/sostenidos dentro del entorno de la familia y la fe de la comunidad. Las decisiones de la vida humana son mejor tomadas dentro del contexto de la familia, las relaciones humanas, después de considerar la opinión médica. (Génesis 2:18; Marcos 10:6-9; Éxodo 20:12; Efesios 5-6). Cuando una persona que está a punto de morir no está en condiciones para dar su consentimiento o expresar sus preferencias relacionadas con la intervención médica, este tipo de decisiones deberían ser tomadas por alguien que elija la persona que está a punto de morir. Si nadie fuera elegido, alguien cercano al paciente debería tomar una determinación. Excepto en circunstancias extraordinarias, en el cual los profesionales médicos o legales deben tomar decisiones acerca de intervenciones médicas de la persona moribunda y la mejor forma de hacerlo es en forma escrita mediante un acuerdo con un requerimiento legal previo.
  4. El amor cristiano es práctico y responsable. El amor cristiano es práctico y responsable (Romanos 13:8-10; 1 Corintios 13; Juan 1:27; 2:14-17). Este amor no niega la fe, no nos obliga a ofrecer o aceptar intervenciones médicas que son mas una carga que los probables beneficios. Por ejemplo cuando los cuidados médicos, mantienen las funciones del cuerpo sin esperanza de que el paciente recobre sus funciones mentales o su conciencia, es inútil y debería ser retirado en uso de la razón. En forma similar cuando al extender o alargar la vida los tratamientos médicos debería ser omitidos o detenidos si lo único que trae al paciente es prologarle su dolor y sufrimiento innecesario al proceso de muerte. Cualquier acción a tomada deberá estar en armonía con lo que manda la Ley.
  5. No a la muerte “misericordiosa”. Aunque el amor cristiano nos puede llevar a detener o retirar evitar las intervenciones médicas que solo aumentan el sufrimiento y prolongan la agonía, los Adventistas del Séptimo Día no practican la “muerte piadosa” o la ayuda para el suicidio (Génesis 9:5-6; Éxodo 20:13; 23:7). Están en contra de la eutanasia, la suspensión intencional del sufrimiento o la agonía de una persona.
  6. Aliviar el sufrimiento. La compasión Cristiana nos llama al alivio del sufrimiento (Mateo 25:34-40; Lucas 10:29-37). En el manejo de los agonizantes, es responsabilidad de los Cristianos la de aliviar en todo lo que sea posible el dolor y el sufrimiento, pero esto no incluye la activa eutanasia. Cuando está claro que la intervención médica no curará al paciente, el principal objetivo debería ser cuidar que el paciente sufra lo menos posible.
  7. El principio de justicia. Los principios bíblicos de justicia ordenan que es necesario brindar especial cuidado a las personas indefensas y dependientes (Salmos 82:3-4; Proverbios 24:11-12; Isaías 1:1-18; Miqueas 6:8; Lucas 1: 52-54). A causa de su condición vulnerable, se deberá dar especial cuidado para asegurarse que las personas moribundas sean tratadas con respeto a su dignidad y sin ninguna discriminación injusta. El tratamiento o cuidado de las personas en agonía deberán ser basados en las necesidades espirituales y la elección expresada por ellos en vez de la percepción de su entorno social.

Como Adventistas del Séptimo Día instan a cumplir con estos principios, ellos aguardan la esperanza y la convicción de que Dios contesta las oraciones de los niños y obra milagrosamente por su bienestar. (Salmos 103:1-5; Juan 5:13-16). Siendo el ejemplo de Jesús, también oran para aceptar la voluntad de Dios en todos los aspectos (Mateo 26:39). Ellos están convencidos que puede pedir el poder de Dios para aliviar la carga y suplir sus necesidades físicas y espirituales de las personas que están sufriendo en agonía. Ellos saben que la gracia de Dios es suficiente para fortalecerlos en la adversidad (Salmos 50:14-15). Ellos creen que la vida eterna para todos aquellos que creen en Jesús está asegurada en el triunfo del amor de Dios.

El SIDA

Declaración

El síndrome de inmunodeficiencia adquirida SIDA y sus condiciones asociadas se están esparciendo rápidamente alrededor del mundo. Con base en los estudios estadísticos se estima que en un futuro cercano, en muchos países del mundo, cada congregación de 100 personas por iglesia por lo menos un miembro tendrá un amigo o pariente con SIDA.

El SIDA se transmite por medio de dos formas principalmente: intimidad sexual con persona infectada e introduciendo el virus por medio de sangre contaminada con este virus en cuerpo, ya sea por medio de inyecciones con jeringas no esterilizadas o a través de productos de sangre contaminados. El SIDA puede prevenirse evitando el contacto sexual antes del matrimonio y manteniendo una relación monógama en el matrimonio con personas no infectadas y evitando el uso de jeringas no esterilizadas.

Los adventistas deben dar educación de la prevención del SIDA. Por muchos años los adventistas han luchado contra la circulación venta y uso de drogas y continúan haciéndolo. Los adventistas apoyan la educación sexual que incluye el concepto de que la sexualidad humana es un regalo de Dios para la humanidad. La sexualidad bíblica claramente limita las relaciones sexuales con su pareja y excluye la promiscuidad y todas las otras razones sexuales y el consecuente incremento en la exposición al virus del SIDA.

La respuesta cristiana al SIDA debe ser personal, compasiva y útil. Tal como Jesús hizo con aquellos que sufrían de lepra, la enfermedad más temida de su tiempo, sus seguidores jóvenes deberán cuidar de aquellos con Sida. Santiago nos aconseja dos puntos “y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?” (Santiago 2:16).

La conducta sexual

Declaración

Preocupación acerca de la conducta sexual

Dios creó a la humanidad en su infinito amor y misericordia, hombre y mujer, y al hacerlo basó la sociedad humana sobre el firme fundamento de hogares y familias llenos de amor.

Sin embargo, Satanás procura pervertir toda cosa buena; y la perversión de lo mejor conduce inevitablemente a lo que es peor. Bajo la influencia de la pasión, sin los frenos de los principios religiosos y morales, la asociación de sexos ha degenerado, en una extensión profundamente perturbadora, en licencia y abuso. Esto lleva a la esclavitud. Con la ayuda de muchas películas, videos, televisión, programas de radio y materiales impresos, el mundo es conducido hacia mayores profundidades de vergüenza y depravación. No solo se hace un enorme daño a la estructura básica de la sociedad, sino que la destrucción de la familia también provoca otros males graves. Los resultados en vidas distorsionadas de niños y jóvenes son inquietantes y provocan nuestra compasión, y los efectos no solo son desastrosos sino también acumulativos.

Estos males se están haciendo en forma más abierta y constituyen una amenaza seria y creciente a los ideales y propósitos de los hogares cristianos. Las prácticas sexuales contrarias a la expresa voluntad de Dios son el adulterio y el sexo premarital, así como una conducta obsesivamente sexual. El abuso sexual del cónyuge, el abuso sexual de niños, el incesto, las prácticas homosexuales (gays y lesbianas) y la bestialidad se encuentran entre las perversiones más obvias del plan original de Dios. Al negar la intención de claros pasajes de las Escrituras (ver Exo. 20:14; Lev. 18:22, 23, 29; 20:13; Mat. 5:27, 28; 1 Cor. 6:9; 1 Tim. 1:10; Rom. 1:20-32), y al rechazar sus advertencias para remplazarlas por opiniones humanas, prevalece mucha incertidumbre y confusión. Esto es lo que Satanás desea. El siempre ha intentado lograr que el pueblo se olvide que cuando Dios creó a Adán, también creo a Eva para ser su compañera femenina (“varón y hembra los creo”, Gen. 1:27). A pesar de las claras normas morales presentadas en la Palabra de Dios para las relaciones entre los hombres y las mujeres, el mundo está hoy siendo testigo de un resurgimiento de perversiones y depravaciones que caracterizaron a algunas civilizaciones antiguas.

Los resultados degradantes de la obsesión con el sexo y la búsqueda de placeres sensuales en esta época están claramente descritos en la Palabra de Dios. Pero Cristo vino para destruir las obras del diablo y restaurar una relación correcta de los seres humanos entre sí y con su Creador. De este modo, aunque caídos por medio de Adán y cautivos del pecado, los que se vuelven a Cristo arrepentidos reciben un perdón completo y escogen un camino mejor, el camino a una restauración completa. Por medio de la cruz, el poder del Espíritu Santo en el “hombre interior” y el ministerio de la iglesia, todos pueden ser liberados de las garras de la perversión y las prácticas pecaminosas.

La aceptación de la gratuita gracia de Dios inevitablemente lleva al creyente individual a una clase de vida y conducta que “adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tito 2:10). También llevará a la iglesia, como cuerpo, a mostrar una disciplina firme y amante de los miembros cuya conducta represente mal al Salvador, distorsione y rebaje las normas de vida y conducta verdaderas.

La iglesia reconoce la verdad penetrante y la poderosa motivación de las palabras de Pablo a Tito: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador, Jesucristo, quien se dio a si mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:11-14; ver también 2 Ped. 3:11-14).

La Homosexualidad

Declaración

La iglesia Adventista del séptimo día reconoce que cada ser humano tiene mucho valor delante de Dios, y nosotros queremos ministrar a todo hombre y mujeres en el espíritu de Jesús. Nosotros también creemos que bajo la gracia de Dios y bajo la motivación de la comunidad de fe, y en armonía con los principios de la palabra de Dios.

Los adventistas del séptimo día creemos que las intimidades sexuales pertenecen solo a las relaciones matrimoniales de un hombre y una mujer. Estos fueron los designios establecidos por Dios en la creación.

Las Escrituras declaran: “Por lo tanto dejara el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne.” (Gen. 2:24).

En las Escrituras el patrón heterosexual es afirmado. La Biblia no hace acomodaciones para las actividades o relaciones homosexuales. Actos sexuales fuera del círculo del matrimonio heterosexual están prohibidos (Lev. 20:7-21; Rom. 1:24-27; 1 Cor. 6:9-11).

Cristo Jesús reafirmó el propósito divino de la creación: “No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo”, y dijo “ Por esto el hombre dejara padre y madre, y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne?” Así que no son mas ya dos, sino una sola carne” (Mat. 19: 4-6) Por estas razones los Adventistas se oponen a las relaciones y prácticas homosexuales.

Los adventistas del séptimo día tratamos de seguir las instrucciones y ejemplo de Jesús. Él afirmó la dignidad de todo ser humano y buscó compasivamente a las personas y familias sufriendo las consecuencias del pecado. El ofreció cariño y palabras de consuelo para las personas con luchas interiores, mientras diferenciaba su amor hacia los pecadores en sus claras enseñanzas acerca de sus prácticas pecaminosas.

La pornografía

Declaración

Diversos tribunales y culturas han debatido sobre las definiciones y las consecuencias de la pornografía (literatura de las desviaciones sexuales), pero sobre la base de los principios eternos, los Adventistas de Séptimo Día de cualquiera sea su cultura creen que la pornografía es destructiva, degradante, insensibilizante, y explotadora.

Es destructiva para las relaciones matrimoniales, toda vez que corrompe o degrada los designios de Dios que dice que el esposo y la esposa deben permanecer juntos, ser fiel el uno con el otro, simbólicamente, una sola carne (Génesis 2:24)

Es degradante, definir a la mujer (y en alguno casos al hombre) no como un todo espiritual – mental – físico, sino como un objeto sexual unidimensional y disponible, de esta manera privándola de ser merecedora de ser llamada hija de Dios.

Es insensibilizante tanto para el que mira como para el que lee, endureciendo la conciencia y pervirtiendo la concepción, de esta forma convirtiéndose en una persona depravada. (Romanos 1:22. 28, NEB).

Es explotadora, fomentadora de la lascivia y el proxenetismo, y básicamente abusiva, contrariando la regla de oro, la cual insiste en que todas las personas deben tratar a las otras como quieren ser tratadas. (Mateo 7:12). Particularmente ofensiva es la pornografía infantil. Jesús dijo: “Si alguno fuere piedra de tropiezo así sea de un niño que cree en mí, sería mejor que se lance a lo profundo del mar con una piedra atada a su cuello (Lea Mateo 18:6).

Aunque Norman Cousins no lo dijo en el contexto Bíblico, el escribió perceptivamente: “El problema con esta clase de pornografía abierta… no es la corrupción pero si la insensibilización; no es dar rienda suelta a las bajas pasiones pero si a estropear las emociones; no es a encargar con una actitud madura, sino las consecuencias que trae con las obsesiones infantiles; no es tanto como sacar la venda de los ojos, sino que distorsiona la visión. El valor es proclamado pero el amor negado. Lo que tenemos no es liberación pero si es deshumanización” – Saturday Review of Literature, Sept. 20, 1975.

Una sociedad plagada de niveles bajos de decencia, en la se ha visto aumentada la prostitución, los embarazos en adolescentes, ultrajes sexuales en mujeres y niños, daños mentales causados por la droga, y el crimen organizado, puede darse el lujo de enfermar la sociedad con los males que acarrea la pornografía.

En efecto, sensatez, es el consenso de la cristiandad: “Si crees en el bienestar y si tu valoras la aprobación de Dios, fija tu mente en las cosas santas y correctas, en la pureza y la belleza y las cosas buenas” (Filipenses 4:8,9). Todos los cristianos harían muy bien en tomar en cuenta este consejo.

Las drogas

Declaración

La Iglesia de Adventista del Séptimo Día, invita a cada persona y a cada país para que cooperen en la lucha contra las drogas que dañan la estructura social de los países, y con carácter individual destruyen la vida de muchas personas.

Los Adventistas del Séptimo Día creen que la Biblia enseña que el cuerpo humano es un “templo del Dios” el cual debe cuidarse de forma inteligente (2 Cor. 6:15-17).

La creencia fundamental de los adventistas basada en los principios bíblicos establece que junto al ejercicio físico adecuado y al reposo físico, se debe adoptar la dieta más saludable. Por lo tanto, las bebidas alcohólicas, el tabaco y el uso irresponsable de drogas y narcóticos son dañinos para la salud humana, por lo tanto debemos abstenernos de ellas.

Por otra parte, debemos comprometernos con todo aquello que genere pensamientos y hábitos saludables con el fin de agradar a Dios y ser más útiles a nuestros semejantes.

Para tener una vida plena, los Adventistas del Séptimo Día animan a todos a seguir un estilo de vida saludable que evite el consumo de tabaco, bebidas alcohólicas, y el uso inadecuado de drogas.

Las enfermedades de transmisión sexual

Declaración

El mundo contemporáneo confronta graves problemas éticos, médicos y sociales como resultado del aumento de la permisividad sexual y la promiscuidad correspondiente. Siendo que los cristianos son parte de la comunidad social total, tales actitudes y conductas se han infiltrado también en la Iglesia Adventista, lo cual demanda que se les preste atención.

Tan serios son los desafíos que presentan las enfermedades de transmisión sexual (ETS), que las Naciones Unidas, juntamente con la mayoría de los gobiernos de todo el mundo, la comunidad de servicios médicos y los dirigentes religiosos, políticos y económicos, han instituido una serie de programas de investigación y educación sobre salud cuyo enfoque es la prevención y el tratamiento. El objetivo es prevenir, curar y minimizar los efectos, o por lo menos disminuir la propagación de tales enfermedades.

Corren un mayor riesgo los jovencitos que entran en las pubertades cada vez a una edad menor, cuando son especialmente vulnerables a la presión de grupo y a un alud de mensajes de los medios de comunicación y de sus compañeros que consideran los encuentros sexuales casuales y fuera del matrimonio como aceptables y normales. Muchos jóvenes son sexualmente activos desde los primeros años de su adolescencia y establecen muy pronto patrones de actividad sexual.

Juntamente con el incremento de la actividad sexual aparece un aumento dramático de las enfermedades de transmisión sexual, con sus serios problemas físicos y emocionales.

Se han hecho avances en los aspectos siguientes:

  • Las investigaciones proporcionaron datos más precisos.
  • Se documentaron beneficios del uso de condones para reducir embarazos no deseados y la propagación de enfermedades de transmisión sexual.
  • Se reconocieron los peligros de la promiscuidad.
  • Tratamientos más efectivos redujeron la propagación y progresión de muchas enfermedades transmitidas sexualmente.
  • Se reconocieron riesgos a largo plazo de daños emocionales como resultado de encuentros sexuales casuales.
  • Aumentó el consenso en favor de que la abstinencia de actividad sexual fuera del matrimonio preserva la salud sexual y emocional.

A pesar de sus limitaciones, estos avances han probado ser benéficos y deben alentarse por razón de sus efectos positivos. Debe animarse a quienes proporcionan tales ciudades y servicios a participar en la promoción de estos esfuerzos, pues merecen el apoyo de los miembros de iglesia al hacerlo. El enfoque practico dado a tan serios problemas y el uso de las intervenciones apropiadas no debe interpretarse en términos de endoso o estimulo de las actividades sexuales fuera del matrimonio o de infidelidad dentro de éste. Tales esfuerzos deben verse más bien como tentativas humanitarias para prevenir o reducir las consecuencias negativas de comportamientos sexuales dañinos.

Algunas veces los familiares, pastores, maestros, consejeros, médicos y otros profesionales podrían trabajar en favor de personas que, a pesar de recibir la correcta orientación, se rehúsan a abandonar sus prácticas sexuales incorrectas para vivir de acuerdo con las elevadas normas morales de Dios. En tales casos, quienes ministran en su favor pueden, como ultimo recurso, aconsejar a la persona específica el uso de métodos contraconceptivos y profilácticos, tales como los condones, en un esfuerzo por prevenir el embarazo y reducir el riesgo de propagación de las enfermedades transmitidas sexualmente que diezman la existencia. Debe tenerse sumo cuidado al aconsejar al respecto, hablando muy claro a las personas y miembros de la comunidad correspondiente: que esta medida extrema no debe de ninguna manera interpretarse como anuencia bíblica respecto a las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Tal acción por parte de los profesionales en el área debe tener carácter provisional y ser utilizada solamente en casos individuales. Aunque tales intervenciones puedan proveer un poco de tiempo para que la gracia haga su obra en el corazón humano, no proveen una solución viable a largo plazo. La iglesia debe continuar esforzándose en aprovechar al máximo cada oportunidad de subrayar el concepto de la sabiduría del diseño divino tocante a la sexualidad humana, y en llamar a hombres y mujeres a la más elevada norma de conducta moral.

Principios bíblicos

Aun cuando los esfuerzos descritos anteriormente son benéficos en muchos sentidos, son, por otra parte, sólo una respuesta a situaciones existentes creadas por el impacto del pecado. En las Escrituras Dios ha establecido un plan superior como guía para el uso del don de la sexualidad. Basado en una serie de principios guiadores, presenta en términos prácticos el ideal de Dios para su pueblo que vive en un mundo herido por el pecado.

  1. La intimidad sexual se reserva para el matrimonio. La sexualidad es un don amoroso del Creador a la humanidad (Gen. 1:26, 27). El evangelio pide de los creyentes que aprecien y hagan uso de su sexualidad en armonía con los propósitos divinos (l Cor. 3:16, 17; 6:13-20; Efe. 5:1-8; Fil. 1:27; 1 Tes. 4:3-7). En el plan de Dios, la intimidad sexual se reserva para un hombre y una mujer dentro de los límites del convenio matrimonial (Gen. 2:24, 26; Exo. 20:14; Prov. 5; Cant. 4:12; 8:8-10; 2:6, 7; 3:5; 8:3, 4; Ose. 3:3; Heb. 13:4). La fidelidad sexual dentro del matrimonio es esencial para la plena comprensión de la metáfora divina que compara al matrimonio con la relación de Dios con su pueblo (Isa. 54:5; Ose. 2:14-23; 2 Cor. 11:2; Apoc. 19:6-9; 21:9).
  2. La intimidad fuera del matrimonio es inmoral y dañina. Tal relación intima tiene un efecto perjudicial sobre la persona (Lev. 18:6-30; Rom. 1:24-27; 1 Cor. 6:18) así como sobre la relación matrimonial (Prov. 5:1-23). Las Escrituras la consideran parte de la vida de pecado (Gal. 5:19; Col. 3:5).
  3. Dios reconoce la fragilidad humana. Su divina voluntad hacia los seres humanos y sus propósitos en la creación son inalterables (Mal. 3:6; Mat. 5:17-20; Hech. 20:27). También son invariables su absoluto amor por la humanidad y sus esfuerzos por redimirla Juan 3:16; Rom. 5:8; 8:35-39; Efe. 1:1-14; 3:14-19; Juan 4:7-10). El mensaje del evangelio, cuyo centro es Jesucristo, une todas estas verdades (Sal. 85:10; 1 Juan 2:1, 2).
    La única esperanza para la humanidad caída es la gracia de Dios (Rom. 3:23,24; 5:1, 2, 20; Efe. 2:1-5). Dios es paciente y misericordioso hacia la fragilidad humana (Nlim. 14:18, 19; Sal. 86:15; 103:13, 14; Ose. 11:8,9; Jon. 3:1; 4:10, 11; Mat. 23:37; 1 Tim. 1:15, 16). Aun cuando la gracia de Dios no Ie da al hombre licencia para pecar (Rom. 6:1, 2), es a través de esa gracia que Dios lleva a cabo sus esfuerzos redentores dentro de las circunstancias que son resultado del pecado (Rom. 5:12-21). Las transacciones practicas de Dios con respecto a casos de divorcio (Deut. 24:1-5; Esd. 10: 10,11; Mat. 19:7,8), la poligamia (Exo. 21:10; Deut. 17:17; 21:15-17; Mat. 19:4,5), la introducción de los alimentos de origen animal (Gen. 1:11, 12, 29,30; 9:3; Lev. 3:17; 11:47) y la provisión de un rey terrenal (l Sam. 8:7; 10:19; Ose. 13:11) ofrecen ejemplos de intervenciones muy lejos del ideal divino. A través de tales casos podemos ver su gracia y misericordia obrando en un mundo deformado por el pecado.
  4. La Iglesia lleva a cabo su misión en un mundo caído. Las condiciones existentes contrastan agudamente con el ideal de Dios. Tanto creyentes como no creyentes son vulnerables a la inmoralidad sexual como uno de los trágicos resultados del pecado (Juan 17:15; 1 Juan 2:15). La iglesia está llamada a servir tanto a los creyentes como a los no creyentes, alcanzando con su misión y llamado a los pecadores (Mat. 28:19; Mar. 2:17; 2 Cor. 5:20,21), fomentando el desarrollo de los creyentes (Efe. 2:19-22; 4:11-13, 15; 1 Tes. 5:11; 2 Ped. 3:18), exaltando el valor infinito de cada persona (Isa. 43:3, 4, 7; Mat. 12:12; Luc. 12:7; 15:1-32; 1 Ped. 1:18,19), protegiendo al débil y vulnerable (Rom. 15:1; 1 Tes. 5:14; Heb. 13:3), promoviendo y preservando la vida y la salud Juan 10:10; 1 Cor. 6:19; 3 Juan 2), y llamando a hombres y mujeres a ocupar su elevada posición como pueblo santo y elegido de Dios (Efe. 4:1; 5:8; 1 Ped. 1:15, 16; 2:5, 9). El ministerio de la iglesia alcanza a los individuos en lugar donde se encuentran (1 Cor. 3:1, 2; 7:1-28) y les presenta una norma más elevada (Luc. 19:5-10; Juan 8:3-11; Hech. 17:18-34).
  5. Se espera que ocurra un desarrollo espiritual en la vida cristiana. El cambia efectuado en el cristiano implica tanto la conversión (Juan 3:3, 7; Hech. 3:19; Rom. 12:2; 2 Cor. 5:17) como el crecimiento (Prov. 4:18; Luc. 2:52; Efe. 3:17-19; 4:11-15; 2 Ped. 3:18). En la conversión, el cristiano acepta como suya, por fe, la vida perfecta de Cristo y experimenta una transformación de valores guiada por el Espíritu Juan 3:5; Gal. 2:20). Tanto fuerzas externas como internas podrían provocar un receso en el pensamiento o la conducta (Gal. 5: 16-18; 1 Juan 3:20), pero la dedicación al progreso inducido por la gracia en la vida cristiana (l Cor. 15:10; Fil. 3:12-14; Col. 1:28, 29) Y la confianza en 105 medios provistos por Dios (Rom. 8:5¬7; Gal. 5:24, 25) producirían el crecimiento hacia la semejanza de Cristo (Gal. 5:22-25; Efe. 5:1).

Las Escrituras demandan del ser humano que progrese moral y espiritualmente a través de su existencia (Luc. 2:52; 1 Cor. 13:11; 14:20). La acción planificadora y facilitadora de tal crecimiento es vital en el cumplimiento de la comisión evangélica (Mat. 28:20; Efe. 3:14-24). La tarea de la educación religiosa es prestar atención al desarrollo individual y presentar la verdad en forma tal que quienes la escuchan puedan comprenderla (Mat. 11: 15), logrando con ello ampliar su comprensión sin hacerlos tropezar (Rom. 14:1-21; 1 Cor. 8:9-13). Aunque debe tratarse con indulgencia a quienes tienen menos conocimiento o madurez (Mat. 13:34; Juan 16:12; Hech. 17:30; 1 Cor. 3:1, 2), la persona debe, con el paso del tiempo, progresar hacia una comprensión más amplia de la voluntad de Dios Juan 16:13), y hacia una más completa expresión de su amor por Dios y hacia los demás (Mat. 22:37-39; Juan 13:35; 8:9; 13:11; 1 Juan 3:14; 4:11,12). Con la bendición de Dios, la presentación clara del evangelio y la atención cuidadosa al proceso de hacer discípulos darán frutos espirituales aun entre los que han estado implicados en pecados sexuales (l Cor. 6:9-11).

Implicaciones

  1. La iglesia sostiene la perspectiva bíblica de la sexualidad como un sano atributo de la naturaleza humana creada por Dios, para ser gozada y utilizada en forma responsable en el matrimonio, como parte del discipulado cristiano.
  2. La consigna de la iglesia es dar a conocer la perspectiva bíblica de la sexualidad humana en forma intencional y culturalmente apropiada. Se enfatiza el aprecio hacia el organismo humano y el conocimiento de sus funciones, defendiendo la castidad sexual fuera de las relaciones matrimoniales y la fidelidad dentro de las mismas, y desarrollando habilidades con respecto a la comunicación y toma de decisiones tocante a la conducta sexual. El cometido de la iglesia es transmitir la verdad de que el uso indebido de la propia sexualidad y el abuso de poder en las relaciones son contrarios al ideal de Dios.
  3. La iglesia llama a las personas a consagrarse delante de Dios a una vida de abstinencia sexual fuera del convenio matrimonial y la fidelidad sexual en relación con el cónyuge. Aparte de la sana expresión de intimidad sexual dentro del matrimonio, la abstinencia constituye el único camino seguro y moralmente aceptable para el cristiano. En cualquier otro contexto, las prácticas sexuales son a la vez perjudiciales e inmorales. Esta elevada norma representa la intención de Dios en cuanto al uso de este don y se pide que los creyentes sostengan este ideal, independientemente de las normas prevalecientes en la cultura a su alrededor.
  4. La iglesia reconoce la pecaminosidad de la humanidad. Los seres humanos cometen errores, usan un mal criterio y pueden deliberadamente elegir involucrarse en prácticas sexuales contrarias al ideal divino. Otras posiblemente no saben a quién acudir en busca de ayuda para vivir una vida sexualmente pura. Sin embargo, nada puede librar a tales personas de las consecuencias de apartarse del plan divino. Las heridas emocionales y espirituales producto de las prácticas sexuales que violan el plan de Dios, dejan inevitablemente sus cicatrices. Pero la iglesia brinda su ministerio de gracia y misericordia ofreciendo el perdón, la sanidad y el poder restaurador de Dios. Debe procurar proveer el apoyo personal, espiritual y emocional que le permita a la persona lastimada echar mano de los recursos del evangelio. La iglesia también debe ayudar a las personas y a las familias a identificar y lograr acceso a la completa red de recursos profesionales disponibles.
  5. La iglesia reconoce como moralmente aceptable el uso de medidas anticonceptivas, incluyendo los condones, par parte de parejas matrimoniales que tratan de controlar la concepción. Los condones, en particular, podrían hasta ser prescritos en ciertas circunstancias matrimoniales; por ejemplo, cuando uno de los cónyuges ha estado expuesto a, o contraído alguna enfermedad transmitida sexualmente, exponiendo así a su pareja a una infección casi segura.
    Por otra parte, el uso pre marital o extramarital del condón, ya sea para disminuir el riesgo de embarazo no deseado o para prevenir la transmisión de una enfermedad de transmisión sexual, presenta una dificultad de orden moral. Tal preocupación debe considerarse en el contexto del plan divino para la sexualidad humana, la relación entre el propósito creador de Dios y su consideración de la fragilidad humana, el proceso de crecimiento espiritual y desarrollo moral del individuo, y la naturaleza misional de la iglesia.
    Aun cuando el uso del condón ha demostrado ser más o menos efectivo en cuanto a la prevención del embarazo y la propagación de la enfermedad, esto no hace moralmente aceptables las prácticas sexuales fuera del matrimonio. Tampoco previene este hecho el daño emocional que resulta de tal comportamiento. El llamado de la iglesia tanto a jóvenes como adultos, a creyentes como a no creyentes, es a vivir una vida digna de la gracia que se nos ofrece a través de Cristo, usando tan completamente como sean posibles los recursos divinos y humanos para vivir de acuerdo con el ideal de Dios con respecto a la sexualidad.
  6. La iglesia reconocer que en casos en los cuales las personas casadas enfrentan el riesgo de transmitir o contraer a través de su cónyuge enfermedades transmitidas sexualmente, tales como el SIDA, el uso de un condón es no solamente moralmente aceptable, sino altamente recomendable si los cónyuges deciden continuar teniendo relaciones sexuales. Debe advertírseles a los usuarios de condones acerca de la importancia de usarlos apropiadamente y de sus límites en cuanto a su efectividad para prevenir la transmisión del SIDA.

Llamado

Enfrentamos una crisis que hace peligrar la vida y amenaza el bienestar de muchas personas, incluyendo a los miembros de iglesia. Tanto los jóvenes como los adultos están en peligro. La iglesia debe desarrollar sin mayor dilación una estrategia completa de educación y prevención. Deben movilizarse los recursos en términos de profesionales de la salud, servicios sociales, educativos, ministeriales y otros, tanto dentro como fuera de la iglesia. La crisis demanda atención prioritaria usando recursos y métodos legítimos a disposición de la iglesia dirigidos al hogar, la escuela, la iglesia y la comunidad. De ello depende el destino de una entera generación de seres humanos, y hoy estamos corriendo contra el tiempo.

Las relaciones humanas

Declaración

Los adventistas deploran toda forma de discriminación basada en la raza, la tribu, la nacionalidad, el color o el género, y procuran combatirla. Creemos que cada persona fue creada a la imagen de Dios, quien hizo de una sangre a todas las naciones (Hech. 17:26). Procuramos continuar el ministerio reconciliador de Jesucristo, quien murió por todo el mundo porque en el “ya no hay judío ni griego” (Gal. 3:28). Cualquier forma de racismo elimina el coraz6n del evangelio cristiano.

Uno de los aspectos más perturbadores de nuestras tiempos es la manifestación de racismo y tribalismo en muchas sociedades, algunas veces con violencia, pera siempre con la denigración de los hombres y las mujeres. Como un cuerpo mundial presente en más de 200 naciones, los adventistas procuran manifestar aceptación, amor y respeto hacia todos, y esparcir este mensaje sanador a través de toda la sociedad.

La igualdad de todos los pueblos es una de las enseñanzas de nuestra iglesia. Nuestra Creencia Fundamental N° 14 declara: “En Cristo somas una nueva creación; las distinciones de raza, cultura, educación y nacionalidad, así como las diferencias entre posiciones elevadas y humildes, ricos y pobres, varones y mujeres, no deben producir divisiones entre nosotros. Somos todos iguales en Cristo, el cual por un Espíritu nos ha unificado en una comunión con él y los unos con los otros; debemos servir y ser servidos sin parcialidad ni reservas”.

Libertad religiosa

Declaración

Durante mas de un siglo, los adventistas han sido activos promotores de la libertad religiosa. Reconocemos la necesidad de defender la libertad de conciencia y de religión como un derecho humano fundamental, en armonía con los instrumentos de las Naciones Unidas.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día tiene presencia en 209 países. Con algunas excepciones, los adventistas constituyen una minoría religiosa, y en ocasiones han estado sujetos a restricciones y discriminación. En consecuencia, han sentido la necesidad de defender los derechos humanos.

Como ciudadanos leales, los adventistas creen que tienen el derecho a la libertad de religión, sujetos a los mismos derechos que los demás. Esto implica la libertad de reunirse para recibir instrucción y para adorar, adorar en el sábado, séptimo día de la semana, y a diseminar sus conceptos religiosos por medio de predicaciones públicas o por los medios de comunicación. Además, esta libertad incluye el derecho de cambiar de religión, así como el de invitar respetuosamente a otras personas a hacer lo mismo. Cada persona tiene el derecho de demandar consideración cuando la conciencia no le permita realizar ciertos deberes públicos, tales como el llevar armas. Siempre que las iglesias tengan acceso a los medios públicos, los adventistas deberían ser incluidos por razones de equidad.

Seguiremos cooperando con otros para defender la libertad religiosa de todas las personas, incluyendo aquellos con quienes no estemos de acuerdo.

Los derechos humanos A propósito del 60° aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos

Declaración

Desde sus mismos comienzos, a mediados del siglo XIX, la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha sostenido los derechos humanos. Inspirados por los valores bíblicos, los primeros adventistas estuvieron involucrados en la lucha contra la esclavitud y la injusticia. Reclamaban el derecho de cada persona a elegir las creencias de acuerdo con su conciencia, y a practicar y enseñar su religión con toda libertad, sin discriminación, siempre respetando los iguales derechos de los demás. Los adventistas están convencidos de que el ejercicio de la fuerza en la religión es contrario a los principios divinos.

Al promover la libertad religiosa, la vida familiar, la educación, la salud, la asistencia mutua y la satisfacción de las clamorosas necesidades humanas, los adventistas afirman la dignidad de la persona humana creada a imagen de Dios.

En 1948 la Declaración Universal de los Derechos Humanos fue escrita y adoptada par personas que habían salido de la destrucción sin precedentes, la desorientación y la angustia de la Segunda Guerra Mundial. Esta experiencia desgarradora les dio una visión de un mundo futuro de paz y libertad, y el deseo de verlo. La Declaración Universal, salida de la parte mejor y más elevada del corazón humano, es un documento fundamental que apoya firmemente la dignidad humana, la libertad, la igualdad y la no discriminación de las minorías. El Articulo 18, que sostiene la libertad religiosa incondicional para creer y practicar la religión, es de importancia especial, porque la libertad de religión es el derecho humano básico que subyace y sostiene todos los demás derechos humanos.

Hoy, la Declaración Universal de los Derechos Humanos es a menudo violada, y en particular el artículo 18. La intolerancia, frecuentemente, muestra su horrible cabeza, a pesar del progreso de los derechos humanos logrados en muchas naciones. La Iglesia Adventista del Séptimo Día anima a las Naciones Unidas, a las autoridades de los gobiernos, a los líderes religiosos, a los creyentes y a las organizaciones no gubernamentales, a trabajar en forma consistente en favor de la puesta en práctica de esta Declaración. Los políticos, los dirigentes sindicales, los maestros, los empleadores, los representantes de los medios y todos los lideres de opinión deberían apoyar firmemente los derechos humanos. Esta sería una respuesta al creciente y violento extremismo religioso, a la intolerancia, a los crímenes por odio y a la discriminación, ya sean basados en la religión o en un secularismo antirreligioso, y ayudaría a reducirlo. De este modo, la Declaración Universal crecería en importancia práctica y brillo, y nunca llegaría a ser un documento irrelevante.

Los juegos de azar

Declaración

Los juegos de azar -definidos como aquellos en los que hay que pagar- impactan en forma creciente a más y más personas en el mundo entero La idea de ganar a expensas de otros ha llegado a ser una maldición moderna. La sociedad paga grandes costas por los crímenes asociados a ellos, por el sostén de las víctimas y por la destrucción de las familias, ya que todo esto erosiona la calidad de vida. Los adventistas se han opuesto en forma consistente a los juegos de azar por ser incompatibles con los principios cristianos. No es una forma apropiada de entretenimiento o un medio legitimo para recolectar fondos.

Los juegos de azar violan los principios cristianos de la mayordomía. Dios identifica al trabajo como el método apropiado para obtener beneficios materiales, y no un juego de azar en el que se sueña con ganar a expensas de otros. Los juegos de azar tienen un impacto masivo sobre la sociedad, y producen grandes costos financieros por los crímenes que se cometen para mantener los hábitos del juego, por el aumento en el coste de la seguridad pública y los gastos legales, así como por los crímenes asociados que involucran drogas y prostitución. Los juegos de azar no generan ingresos; más bien, lo quitan de aquellos que a menudo no pueden darse el lujo de perder, y produce unos pocos ganadores; el mayor ganador, por supuesto, es el operador de esos juegos. La idea de que la práctica del juego puede tener un beneficio económico positivo es una ilusión. Además, los juegos por dinero violan el sentido cristiano de responsabilidad por la familia, los vecinos, los necesitados y la iglesia.

El juego crea esperanzas falsas. El sueño de ganar “la Grande” reemplaza a la verdadera esperanza con falsos sueños de posibilidades de ganar, porque estadísticamente son improbables. Los cristianos no deben poner sus esperanzas en la riqueza. La esperanza cristiana de un futuro glorioso prometido por Dios es “segura y verdadera”, a diferencia y en oposición al sueño del juego. La gran ganancia que señala la Biblia es una “piedad acompañada de contentamiento”.

Los juegos de azar son adictivos. La cualidad adictiva del juego es claramente incompatible con un estilo de vida cristiano. La iglesia procura ayudar a quienes sufren de la adicción al juego y a otras adicciones, y no culparlos. Los cristianos reconocen que son responsables ante Dios por sus recursos y estilo de vida.

La organización adventista rechaza las rifas o loterías para reunir fondos, y estimula a sus miembros a no participar en alguna actividad tal, por bien intencionada que sea. Tampoco la iglesia mira con buenos ojos los juegos de azar patrocinados por el Estado. La Iglesia Adventista del Séptimo Día invita a todas las autoridades a prevenir la siempre creciente disponibilidad del juego con sus efectos dañinos sobre los individuos y la sociedad.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día rechaza los juegos de azar como fueron definidos más arriba, y no solicitará ni aceptará financiaciones que sean claramente derivadas del juego.

Mayordomía del medio ambiente

Declaración

La Iglesia Adventista del Séptimo Día cree que la humanidad fue creada a la imagen de Dios, y de este modo actúa como sus mayordomos para administrar el ambiente natural que le rodea en forma fiel y fructífera. La naturaleza es un don de Dios.

Desafortunadamente, los hombres y las mujeres han estado involucrados en forma creciente en una destrucción irresponsable de los recursos de la Tierra, lo que resulta en sufrimiento muy difundido, degradación del ambiente y la amenaza de cambios en el clima. Aunque la investigación científica debe continuar, por las evidencias acumuladas es claro que la creciente emisión de gases destructivos, la destrucción masiva de los bosques tropicales del continente americano y el agotamiento de la capa protectora de ozono (el así llamado “efecto invernadero”), todos están amenazando el ecosistema de la Tierra. Hay predicciones lúgubres de calentamiento global, de elevación del nivel del mar, de frecuencia creciente de tormentas e inundaciones destructivas, y de devastadoras desertificaciones y sequías.

Estos problemas son principalmente causados por el egoísmo y la codicia humanos, que resultan en producción siempre creciente, consumo sin límites y el agotamiento de los recursos no renovables. Se analiza la solidaridad con las generaciones futuras, pero la presión de los intereses inmediatos reciben la prioridad. La crisis ecológica nace de la codicia humana y del rechazo de practicar una buena y fiel administración.

Los adventistas abogan por un estilo de vida sencillo y sano, en el que la gente no entra en la rutina del consumo sin !imites, la acumulación de bienes y la producción de basura. Se necesita una reforma en el estilo de vida, basada en el respeto por la naturaleza, la restricción del uso de los recursos humanos, la evaluación renovada de las necesidades personales y la reafirmación de la dignidad de la vida creada.

Minorías religiosas y libertad religiosa

Declaración

A lo largo de la historia las minorías religiosas con frecuencia han estado sujetas a discriminación y persecución directa. Hoy la intolerancia religiosa y el prejuicio están aumentando otra vez. A pesar de la afirmación de que todos pueden tener y diseminar conceptos religiosos y cambiar su religión, mas una afirmación sostenida por instrumentos y documentos de las Naciones Unidas que incluyen un “Documento Internacional de Derechos”, muchos países niegan este derecho a sus ciudadanos.

Los instrumentos internacionales condenan la discriminación en contra de las minorías, pero trágicamente algunas naciones han publicado listas de grupos religiosos descritos como sectas potencialmente peligrosas. Se han establecido comisiones en contra de las sectas, se ha adiestrado a personal de investigaciones y se han publicado leyes restrictivas. Centenares de miles de creyentes inocentes están ahora bajo la sospecha oficial y se los trata como ciudadanos de segunda clase. Todo esto viola la libertad religiosa, que es el derecho fundamental más básico y esencial de la humanidad. Los adventistas creen en la obediencia a las leyes del país en que viven, mientras ellas no estén en conflicto con las leyes de Dios. Sin embargo, nos oponemos a toda ley, reglamento o actividad que discrimine contra las minorías religiosas.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día sostiene la libertad religiosa para todos, así como la separación de la Iglesia del Estado. Las Escrituras enseñan que el Dios que dio la vida también dio la libertad de elegir. Dios solo acepta el homenaje que se Ie da libremente. Los adventistas creen, además, que la ley debe ser aplicada por igual y sin favoritismo caprichoso. Afirmamos que ningún grupo religioso debería ser juzgado porque algunos de sus adherentes parecen ser extremistas. La libertad religiosa es coartada cuando una conducta agresiva o violenta viola los derechos humanos de los demás.

En apoyo al artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y otros instrumentos internacionales, y en armonía con sus creencias y su historia, la Iglesia Adventista del Séptimo Día se compromete plenamente a promover, defender y proteger la libertad religiosa para cada persona, en todas partes. Con ese fin, seguiremos cooperando con la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y otras agencias internacionales y organizaciones religiosas, para animar a cada nación a poner en práctica el derecho fundamental a la libertad religiosa.

Misión de la Iglesia Adventista del Séptimo Día

Declaración

Nuestra misión

La misión de la Iglesia Adventista del Séptimo Día es proclamar a todas las personas el evangelio eterno del amor de Dios, en el contexto de los mensajes de los tres ángeles de Apocalipsis 14:6-12, tal como está revelado en la vida, muerte, resurrección y ministerio sumo sacerdotal de Jesucristo, invitándolas a aceptar a Jesús como su Señor y Salvador personal, y a unirse a su iglesia remanente; y nutrir y educar a los creyentes como discípulos, en preparación para su pronto regreso.

Nuestro método

Llevamos adelante esta misión, bajo la dirección del Espíritu Santo, a través de:

1) EI ministerio de la predicación. Aceptando la comisión de Cristo (Mat. 28:18-20), proclamamos a todo el mundo el mensaje de un Dios amante, revelado mas plenamente en el ministerio reconciliador y la muerte expiatoria de su Hijo. Reconociendo que la Biblia es la revelación infalible de la voluntad de Dios, anunciamos su mensaje completo, incluyendo el segundo advenimiento de Cristo y la autoridad permanente de su Ley de los Diez Mandamientos con su recordatorio del séptimo día, sábado, como día de reposo.

2) EI ministerio de la enseñanza. Reconociendo que el desarrollo de la mente y el carácter es esencial dentro del plan redentor de Dios, promovernos el desarrollo de una comprensión madura de Dios y de una relación con su Palabra y con el universo creado.

3) EI ministerio de la sanidad. Afirmando el énfasis bíblico sobre el bienestar integral de la persona, damos prioridad a la preservación de la salud y la curación del enfermo, y, a través de nuestro ministerio a los pobres y oprimidos, cooperamos con el Creador en su compasiva obra de restauración.

Nuestra visión

En armonía con las grandes profecías de las Escrituras, entendemos que el clímax del plan de Dios es restaurar toda su creación a la completa armonía con su perfecta voluntad y justicia.

Principios de temperancia y aceptación de donaciones

Declaraciones

Desde su mismo comienzo, la Iglesia Adventista del Séptimo Día Ie ha dado importancia a la temperancia y a la lucha contra el avance de las bebidas alcohólicas, del tabaco y de otras drogas. Mientras que algunas denominaciones cristianas disminuyeron el énfasis en relación con la temperancia, los adventistas continuamos oponiéndonos vigorosamente al uso de alcohol, tabaco y drogas inadecuadas. La Iglesia aboga a favor de la abstinencia total de estas sustancias dañinas. Su posición está bien planteada entre las creencias fundamentales que sostiene.

Hay evidencias que indican que en algunas partes del mundo ha habido un decaimiento de la promoción de los principios de verdadera temperancia dentro de la Iglesia. Esta situación, sumada a las agresivas campañas de publicidad por parte de las industrias de bebidas alcohólicas y tabacaleras, han creado las condiciones para que algunos adventistas estén siendo alcanzados por estas influencias negativas e insidiosas.

Un asunto que surge de tanto en tanto es el ofrecimiento de fondos destinados a organizaciones religiosas por parte de las industrias de bebidas alcohólicas o tabacaleras. La posición de la Iglesia Adventista del Séptimo Día es que dicho ofrecimiento no deberá ser aceptado por la Iglesia ni por ninguna de sus instituciones. Los recursos mencionados están teñidos por la miseria humana, y en el caso de la industria de bebidas alcohólicas, llega a través de la pérdida de vidas humanas (Elena de White, Review and Herald, 15 de mayo de 1894). La comisión evangélica de la Iglesia Adventista del Séptimo Día es la de censurar el mal y no alabar ni estimular a quienes fabrican venenos que acarrean miseria y cuyo negocio viene a ser un robo (ver El ministerio de curación, p. 259).

La Iglesia Adventista del Séptimo Día reafirma su posición histórica en cuanto a los principios de temperancia, mantiene sus normas y programas del Articulo 22 de las Creencias Fundamentales, e insta a cada miembro a reafirmar y revelar un compromiso de abstinencia de todo tipo de alcohol y tabaco y del uso irresponsable de drogas. El Concilio Anual de 1992 convocó a un reavivamiento de los principios de temperancia dentro de la iglesia, e insta a los feligreses y a las organizaciones de la Iglesia a que rechacen donaciones y favores de las industrias mencionadas.

Statement About Adventism and the Year 2000

Los Adventistas del Sépimo Día anclan su esperanza en la vida, muerte y resurrección de Cristo y gozosamente esperan la consumación de la esperanza en el pronto regreso de Jesús. Los Adventistas basan su esperanza en las enseñanzas de las Escrituras y creen que el paso del tiempo es importante en la medida en la que nos lleva más cerca del maravilloso evento más esperado que jamás hayan presenciado los ojos humanos. Esperamos con anhelo el regreso visible de Cristo. Aún así, no especulamos sobre el preciso momento histórico cuando tenga lugar el evento. Jesús nos dijo: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad” (Hechos 1:7),

Consecuentemente, los Adventistas no dan importancia religiosa al final de un milenio y al comienzo de otro. El año 2000 no tiene un significado profético particular; no se menciona en la Biblia, y cualquier preocupación respecto su significado religioso será rechazada. En cualquier caso, consideramos que cada año que pasa nos lleva más cerca del regreso de nuestro Señor.

Nos damos cuenta de que el cambio de milenio tiene un impacto emocional significativo en la raza humana. Nadie ha experimentado un evento así. Muchos están preocupados, expectantes e incluso tempor de la proximidad del año 2000. Mientras que muchos se sienten aprensivos frente a los desastres naturales y los eventos de la sociedad, nuestro Señor dice: “No se turbe vuestro corazón” (Juan 14:1). De este modo, como cristianos Adventistas del Séptimo Día, compartimos la esperanza de un futuro glorioso que se convertirá en una realidad en el tiempo señalado por Dios.

Esta declaración fue votada durante el Consejo Anual del Consejo Ejecutivo de la Asociación General el miércoles 29 de septiembre de 1999 en Silver Spring, Maryland (USA).

Tolerancia

Declaración

Los adventistas apoyan la proclamación de las Naciones Unidas de designar el año 1995 como el Año de la tolerancia. Esta proclamación llega en un momento oportuno, cuando la intolerancia abunda en todos los continentes: extremistas religiosos fanáticos, racismo, tribalismo, limpieza étnica, enemistad lingüística y otras formas de terrorismo y violencia. Los cristianos deben aceptar su parte de la culpa por el prejuicio y la falta de humanidad hacia los seres humanos.

La tolerancia, la capacidad de soportar circunstancias desfavorables, es solo el comienzo. Los cristianos y todas las personas de buena voluntad deben ir mucho más allá de este concepto negativo, y desarrollar simpatía por las creencias y prácticas que no solo son diferentes, sino que aun pueden estar en conflicto con las propias. El diálogo es ciertamente mucho mejor que las diatribas. Los seres humanos deben aprender a estar de acuerdo o en desacuerdo, sin violencia; deben ser capaces de analizar diferentes puntos de vista sin odio ni rencor. Esto no significa docilidad o sumisión abyecta, sino una participación y respeto por los derechos iguales de los demás. Cada persona tiene el derecho y la responsabilidad de expresar sus ideas y sus ideales con entusiasmo y vitalidad, pero sin alcanzar el ardor o la virulencia de palabras o actos violentos.

Finalmente, la tolerancia, en su mejor expresión no es solo la aceptación de otros conceptos y personas, sino avanzar en benevolencia, capacidad de respuesta y comprensión hacia los demás, hacia cada ser humano.

Uniones del mismo sexo – Una reafirmación del matrimonio cristiano

Declaración

Durante las últimas décadas la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha sentido la necesidad de declarar claramente y de varias maneras su posición con respecta al matrimonio, la familia y la sexualidad humana. Estos temas están en el corazón de muchos problemas acuciantes que enfrenta la sociedad. Aquello que por siglos ha sido considerado como la moralidad cristiana básica en el contexto del matrimonio, actualmente está siendo cuestionado en forma creciente, y no solo en la sociedad secular sino también dentro de las iglesias cristianas mismas.

Las instituciones de la familia y el matrimonio están bajo ataque y enfrentan fuerzas centrifugas crecientes que las están destrozando. Un número creciente de naciones está debatiendo el tema de las “uniones del mismo sexo”, haciendo de estas un problema mundial. La discusión pública ha despertado fuertes emociones. A la luz de estos desarrollos, nuevamente la Iglesia Adventista del Séptimo Día expone con claridad su posición.

Reafirmamos, sin ninguna duda, nuestra posición de larga fecha. Como está expresado en las creencias fundamentales de la iglesia, “el matrimonio fue establecido por Dios en el Edén y confirmado por Jesús para que fuera una unión para toda la vida entre un hombre y una mujer, en amante compañerismo”. Aunque “el pecado ha pervertido los ideales de Dios para el matrimonio y la familia”, “el lazo familiar es el más intimo, el más tierno y la más sagrada de todas las relaciones humanas”, por lo que “las familias necesitan experimentar una renovación y una reforma en sus relaciones” . Dios estableció “el matrimonio como un pacto basado en la unión física, emocional y espiritual de dos géneros, a la que la Escritura llama ‘una sola carne’ “. “La unión monógama de un hombre y una mujer (…) es el único ámbito moralmente apropiado para la expresión genital y las intimidades sexuales a ella asociadas”. “Cualquier atenuación de esa elevada perspectiva supone, en idéntica media, una rebaja del ideal celestial”.

La homosexualidad es una manifestación del desorden y la fractura en las inclinaciones y relaciones humanas producidos por la entrada del pecado en el mundo. Mientras que todos estamos sujetos a una naturaleza humana caída, “creemos también que, por la gracia de Dios y con el ánimo de la comunidad de fe, una persona puede vivir en armonía con los principios de la Palabra de Dios”.

Sostenemos que todas las personas, no importa cuál sea su orientación sexual son hijos de Dios. No aprobamos que se señale a ningún grupo para hacerlo objeto de burlas o escarnio, y menos de abuso. Sin embargo, es muy claro que la Palabra de Dios no aprueba un estilo de vida homosexual; ni lo ha hecho la iglesia cristiana a los largo de sus 2000 años de historia. Los adventistas creemos que la enseñanza bíblica continúa siendo válida hoy, porque está anclada en la misma naturaleza de la humanidad y en el plan de Dios para el matrimonio en la creación.

Uso, abuso y dependencia de sustancias químicas

Declaración

La Iglesia Adventista del Séptimo Día, organizada oficialmente en 1863, desde el comienzo de su historia se ocupó de combatir el uso de bebidas alcohólicas y tabaco. La iglesia condenó el uso de ambas sustancias por ser destructoras de la vida, la familia y la espiritualidad. Adoptó, en la práctica, una definición de temperancia que estimulaba a “la abstinencia total de lo que es perjudicial, y al uso cuidadoso y juicioso de lo que es bueno”.

La posición de la iglesia con respecto al uso del alcohol y del tabaco no ha cambiado. En décadas recientes, la iglesia ha promovido activamente la educación contra el alcohol y las drogas dentro de la misma, y se ha unido con otras agencias para educar a la comunidad en general en la prevención del alcoholismo y la drogodependencia. A principios de la década de 1960 la iglesia creó un “Programa para dejar de fumar” que se extendió por el mundo entero y ayudó a decenas de miles de fumadores a dejar el hábito. Originalmente se lo conoció como “Plan de 5 días para dejar de fumar”, y ha sido uno de los que alcanzaron mayor éxito entre programas similares.

La creación de centenares de drogas nuevas en los laboratorios, y el redescubrimiento y la popularización de productos químicos muy antiguos, tales como la marihuana y la cocaína, han complicado gravemente un problema comparativamente sencillo, y plantean un desafío creciente tanto a la iglesia como a la sociedad. En una sociedad que tolera y aun promueve el uso de drogas, la adicción es una amenaza creciente.

Redoblando los esfuerzos en el campo de la prevención de la dependencia, la iglesia está desarrollando nuevos programas para sus escuelas y promoviendo programas que ayudan a los jóvenes a mantenerse abstemios.

La iglesia también procura ser una voz influyente en llamar la atención de los medios de comunicación, las autoridades públicas y los legisladores acerca de los daños que la sociedad está sufriendo por la promoción y distribución continuas del alcohol y el tabaco.

La iglesia cree que la instrucción de Pablo (l Cor. 6:19, 20) todavía es aplicable: el “cuerpo es templo del Espíritu Santo”; debemos glorificar a Dios en nuestro cuerpo. Le pertenecemos, somos testigos de su gracia. Debemos procurar hallarnos en las mejores condiciones físicas y mentales, con el fin de gozar del compañerismo de Dios y glorificar su nombre.

Violencia familiar

Declaración

Violencia familiar involucra un ataque de cualquier clase –verbal, físico, emocional, sexual, o negligencia activa o pasiva– es la violencia de una persona o personas contra otro miembro dentro de una familia, ya sea que estén casados, emparentados, estén viviendo juntos o separados, o divorciados. La investigación internacional actual indica que la violencia familiar es un problema global. Ocurre entre los individuos de todas las edades y nacionalidades, en todos los niveles socio-económicos, y en las familias de todos los tipos de religiones y de trasfondo no religioso. La proporción global de incidencia se ha encontrado que es similar para la ciudad, medio suburbano, y las comunidades rurales.

Las manifestaciones de violencia familiar se presentan de varias maneras. Por ejemplo, puede ser un ataque físico de uno de los esposos. Los ataques emocionales así como las amenazas verbales, episodios de rabia, infra evaluación de carácter, y demandas poco reales de perfección también son parte del abuso. Puede tomar forma de coerción física y violenta dentro de la relación sexual matrimonial, o la amenaza de violencia a través del uso de intimidación verbal o conducta no verbal. Incluye conductas como el incesto y el maltrato o abandono de niños por un padre u otro tutor que produzcan lesión o daño. Violencia contra el anciano puede verse como abuso físico, psicológico, sexual, verbal, material, y negligencia o abandono médico.

La Biblia indica claramente que la marca distintiva de los creyentes cristianos es la calidad de sus relaciones humanas en la iglesia y en la familia. Está en el espíritu de Cristo amar y aceptar, buscar afirmar y construir a otros, en lugar de abusar o violentar entre si. No hay lugar entre los seguidores de Cristo para el mando tiránico y el abuso de poder o autoridad. Motivado por su amor por Cristo, sus discípulos son llamados a mostrar respeto e interés por el bienestar de otros, aceptar hombres y mujeres como iguales, y para reconocer que cada persona tiene derecho al respeto y la dignidad. No poder relacionarse con otros de esta forma viola su personalidad y degrada a los seres humanos creados y redimidos por Dios.

El apóstol Pablo se refiere a la iglesia como ‘‘la casa de fe” que funciona como una gran familia, que ofrece aceptación, comprensión, y consuelo a todos, sobre todo a aquellos que están heridos o con problemas. La Escritura retrata la iglesia como una familia en que el crecimiento personal y espiritual donde pueden surgir sentimientos de traición, rechazo, y pesar así como sentimientos de perdón, confianza, y tranquilidad. La Biblia también habla de la responsabilidad personal del cristiano para proteger su templo del cuerpo de violencia porque es el lugar de la morada de Dios.

Lamentablemente, la violencia familiar ocurre en muchas casas cristianas. Nunca puede perdonarse. Afecta las vidas de todos sus miembros involucrados severamente.

Creemos que la Iglesia tiene la responsabilidad de:

1. Cuidar de las personas involucradas en violencia familiar y atender a sus necesidades.

  • Escuchando y aceptando a las personas que sufren abuso, dándoles amor y la seguridad de su valía e importancia.
  • Resaltando las injusticias de abuso y hablando en la defensa de víctimas, tanto dentro de la comunidad de fe como en la sociedad.
  • Proveyendo un ministerio humanitario y de apoyo a las familias afectadas por la violencia y el abuso, tratando de que tanto las víctimas como los agresores tengan acceso al consejo de profesionales adventistas cuando la cosa sea posible, o a la red de recursos profesionales disponibles en la comunidad.
  • Animando a los profesionales adventistas a especializarse y al establecimiento del servicio de profesionales licenciados por la iglesia, tanto para los miembros de iglesia como para las comunidades circundantes.
  • Ofreciendo un ministerio de conciliación cuando las hechuras de arrepentimiento del perpetrador posible la contemplación de perdón y restauración en las relaciones. El arrepentimiento siempre incluye aceptación de responsabilidad plena para los males comprometidos, buena gana para hacer la restitución en todos los sentidos posible, y cambios en la conducta para eliminar el abuso.
  • Proyectando la luz del evangelio en la naturaleza de marido-esposa, padre-niño, y otras relaciones próximas, y capacitar a las personas y familias a crecer a la luz de los ideales de Dios en su vida de relación.
  • Guardándose contra la tendencia a aislar en la familia o en la iglesia, tanto a las víctimas como a los agresores, aunque responsabilizando firmemente a los agresores por sus actos.

2. Fortalecer la vida familiar:

  • Ofreciendo una educación para la vida familiar que esté orientada hacia la gracia y que incluya la comprensión bíblica de la reciprocidad, igualdad, y respeto indispensable a las relaciones cristianas.
  • Comprendiendo mejor cuales son los factores que contribuyen a la violencia familiar.
  • Tratando de romper el círculo recurrente de la violencia y el abuso observado a menudo dentro de las familias y a través de las generaciones.
  • Eliminando aquellas creencias religiosas y culturales sostenidas comúnmente que pueden ser usadas para justificar o encubrir la violencia familiar. Por ejemplo, aunque los padres son instruidos por Dios para corregir redentoramente a sus hijos, esta responsabilidad no les da licencia para el uso de la crueldad, o para tomar medidas punitivas.

3. Aceptar nuestra responsabilidad moral para estar alerta y reaccionar frente al abuso dentro de las familiar de nuestras congregaciones y comunidades, y sostener que tal conducta abusiva es una violación de las normas de vida adventista. Ninguna indicación o informes de abuso deben ser minimizados, sino por el contrario, seriamente considerados. Para los miembros de la iglesia permanecer indiferentes e insensibles equivale a condonar, perpetuar y, posiblemente, extender la violencia familiar.

Si vamos a vivir como hijos de la luz, debemos iluminar por doquiera la violencia familiar que ocurra en nuestro medio. Debemos cuidar los unos de los otros, aunque sería más fácil hacernos los desentendidos.