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Los juegos de azar afectan a un cada vez más elevado número de personas en todo el mundo. La idea de ganar a expensas de otros ha llegado a convertirse en una maldición moderna. La sociedad paga costos cada vez más elevados por el crimen organizado que rodea a los juegos de azar, el apoyo a las víctimas y la destrucción de las familias, todas ellas consecuencias que menoscaban la calidad de vida. Los adventistas nos hemos opuesto sistemáticamente a los juegos de azar, pues resultan incompatibles con los principios cristianos. No constituyen una forma correcta de entretenimiento ni un medio legítimo para obtener fondos.

Los juegos de azar violan los principios de la mayordomía cristiana. Dios ha designado el trabajo como el método apropiado para obtener beneficios materiales, y no el juego de azar en el que se sueña con ganar a expensas de otros. Los juegos de azar ejercen un gran impacto en la sociedad y conllevan elevados costos económicos como resultado de los delitos que se cometen para mantener el hábito, la necesidad de mayor seguridad policial y los gastos legales que ocasionan, así como por los problemas de droga y prostitución que normalmente van asociados a ellos.

Los juegos de azar no generan ingresos; por el contrario, reducen los ingresos de los que a menudo no pueden darse el lujo de perder, y se los transfieren a unos pocos ganadores. Los mayores ganadores son, por supuesto, los agentes del sector de los juegos de azar. La idea de que la práctica de los juegos de azar puede reportar beneficios económicos es una ilusión. Además, los juegos de azar violan el sentido cristiano de responsabilidad hacia la familia, los conciudadanos, los necesitados y la iglesia (1 Tes. 4: 11; Gén. 3: 19; Mat. 19: 21; Hech. 9: 36; 2 Cor. 9: 8, 9).

Los juegos de azar crean falsas esperanzas. El sueño del jugador de ganar «a lo grande» suplanta la verdadera esperanza con falsas ilusiones sobre las posibilidades de ganar, ya que estadísticamente las probabilidades son extremadamente escasas. Los cristianos no han de depositar su esperanza en las riquezas terrenales. La esperanza cristiana de un futuro glorioso prometido por Dios es «segura y verdadera», a diferencia y en oposición al sueño del jugador. La gran ganancia que señala la Biblia es una «piedad acompañada de contentamiento» (1 Tim. 6: 17; Heb. 11: 1; 1 Tim. 6: 6).

Los juegos de azar son adictivos. La característica adictiva del juego es a todas luces incompatible con un estilo de vida cristiano. La iglesia procura no culpar sino ayudar a quienes padecen adicción al juego u otras adicciones. Los cristianos reconocen que son responsables ante Dios por sus recursos y estilo de vida (1 Cor. 6: 19, 20).

La Iglesia Adventista no aprueba las rifas ni las loterías como medios para recaudar fondos, e insta a los miembros de sus iglesias a no participar en actividades de ese tipo, aunque la finalidad sea benéfica. Tampoco aprueba las loterías del estado. La Iglesia Adventista exhorta a las autoridades a que limiten la accesibilidad a este tipo de juegos y eviten sus efectos dañinos sobre los individuos y la sociedad.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día desaprueba los juegos de azar según se definen en el presente documento, y no solicitará ni aceptará fondos que provengan de ellos.

 

Declaración aprobada por la Junta Administrativa de la Asociación General dada a conocer en el Congreso de la Asociación General de Toronto, Canadá, 29 de junio al 9 de julio de 2000.

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