Skip to main content

La pobreza, presente en todas las sociedades, priva a los seres humanos de sus más elementales derechos. Es la causante del hambre, de la falta de atención médica, y de la imposibilidad de acceso al agua potable, a la educación y a oportunidades de trabajo. A menudo la pobreza genera una sensación de impotencia, desesperanza y desigualdad. Cada día mueren más de veinticuatro mil niños en todo el mundo por enfermedades derivadas de la pobreza que podrían haberse evitado.

Los adventistas creemos que las acciones destinadas a reducir la pobreza y las injusticias que conlleva constituyen una parte fundamental de nuestra responsabilidad social como cristianos. La Biblia revela claramente el interés especial que Dios tiene por los pobres y lo que espera que sus seguidores hagan a favor de los desvalidos. Todos los seres humanos llevamos la imagen de Dios y somos receptores de las bendiciones divinas (Luc. 6: 20). Cuando trabajamos en beneficio de los pobres, seguimos el ejemplo y las enseñanzas de Jesús (Mat. 25: 35, 36). Como comunidad espiritual, los adventistas abogamos por un trato justo hacia los pobres, levantamos nuestra voz a favor de «los que no tienen voz» (Prov. 31: 8, NVI) y en contra de los que «privan de sus derechos a los pobres» (Isa. 10: 2, NVI) y participamos con Dios en «hacer justicia a los pobres» (Sal. 140: 12, NVI).

La tarea de reducir la pobreza y el hambre supone mucho más que sentir compasión por los necesitados. Implica apoyar políticas públicas que les ofrezcan justicia y equidad, los capaciten y les permitan ejercer sus derechos. Implica patrocinar y participar en programas que traten las causas de la pobreza y el hambre, y que ayuden a las personas a construir vidas que puedan mantener. Este compromiso con la justicia es un acto de amor (Miq. 6: 8). Los adventistas creemos que también incluye un llamamiento a vivir con sencillez y modestia a fin de que nosotros seamos un testimonio contra el materialismo y la cultura del despilfarro.

Los adventistas nos unimos a la comunidad mundial y apoyamos los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas que procuran reducir la pobreza al menos en un cincuenta por ciento para el año 2015. Para cumplir este objetivo, los adventistas actuamos conjuntamente con autoridades civiles y gobiernos, entre otros, en proyectos locales y mundiales, con el propósito de participar en la obra divina de establecer una justicia más duradera en un mundo que se encuentra en muy malas condiciones.

Como seguidores de Cristo, asumimos esta tarea con esperanza, fortalecidos por la promesa divina de un nuevo cielo y una nueva tierra donde no existirán la pobreza ni las injusticias. Los adventistas somos llamados a vivir en armonía con esa visión del reino de Dios de manera creativa y fiel, trabajando para erradicar la pobreza en el presente.

 

Declaración aprobada por la Junta Directiva de la Asociación General el 23 de junio de 2010, y dada a conocer durante el Congreso de la Asociación General de Atlanta, 24 de junio al 3 de julio de 2010.

Adventista.es