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Durante más de un siglo, los adventistas han venido promoviendo activamente la libertad religiosa. Reconocemos la necesidad de abanderar la defensa de la libertad de conciencia como un derecho humano fundamental, en armonía con los instrumentos de las Naciones Unidas.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día tiene presencia en 209 países, sin embargo, más allá de algunas excepciones, los adventistas constituyen una minoría religiosa y, en ocasiones, se han visto sujetos a restricciones y a discriminación. En consecuencia, han sentido la necesidad de defender los derechos humanos.

Los adventistas son ciudadanos fieles y, como tales, creen que tienen derecho a la libertad religiosa, sujeta en todo caso a la concesión de los mismos derechos y libertades a los demás. Esta libertad incluye poder reunirse para recibir instrucción y para alabar a Dios, poder congregarse para adorar en el séptimo día de la semana, el sábado, y poder compartir sus creencias religiosas por medio de la predicación pública o a través de los medios de comunicación. Esta libertad incluye asimismo el derecho a cambiar de religión y a invitar respetuosamente a otros a que lo hagan. Toda persona tiene derecho a ser respetada cuando, por razones de conciencia, se niegue a llevar a cabo determinadas obligaciones públicas como portar armas. Siempre que se otorgue a las confesiones religiosas el acceso a los medios de comunicación, los adventistas deberían ser incluidos por razones de equidad.

Continuaremos cooperando y trabajando de manera conjunta con otros para defender la libertad religiosa de todos los seres humanos, incluidos aquellos con quienes no estamos de acuerdo.

 

Declaración aprobada por la Junta Administrativa de la Asociación General y dada a conocer por Robert S. Folkenberg, presidente de la Asociación General, en el Congreso de la Asociación General de Utrecht, Holanda, 29 de junio al 8 de julio de 1995.

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