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Declaraciones oficiales

El cuidado y la protección de los niños

Los adventistas tenemos en muy alta estima a los niños. Según la Biblia, los niños son dones preciosos de Dios que han sido confiados al cuidado de sus padres, de su familia, de la comunidad de la fe y de la sociedad en general. Los niños cuentan con un enorme potencial para contribuir de manera positiva a la iglesia y a la sociedad. Es de vital importancia prestar atención a su cuidado, protección y desarrollo.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día se reafirma e insiste en sus esfuerzos históricos de cuidar y salvaguardar a los niños y a los jóvenes de conocidos o desconocidos cuyas acciones supongan cualquier forma de abuso y violencia contra ellos, o que los sometan a cualquier tipo de explotación sexual. Jesús fue el modelo de la clase de respeto, cuidado y protección que los niños deberían esperar de los adultos a cuyo cuidado han sido confiados. Algunas de las amonestaciones más contundentes pronunciadas por Jesús fueron dirigidas a los que pudieran llegar a hacer daño a los niños. Dada la naturaleza confiada y la dependencia que tienen los niños de las personas más sensatas y de mayor edad, y las consecuencias a largo plazo que sufren cuando esta confianza es traicionada, ellos necesitan de nuestra atenta protección.

La disciplina redentora

Una de las prioridades de la Iglesia Adventista es dar a los padres una educación eclesiástica que los ayude a adquirir los conocimientos necesarios para aplicar la disciplina redentora. Muchos niños reciben castigos despiadados en nombre de la disciplina bíblica. Ahora bien, la disciplina que se caracteriza por el control severo, implacable y dictatorial a menudo conduce al resentimiento y la rebelión. Una disciplina tal aumenta el riesgo de daños físicos y psicológicos en los niños y, al mismo tiempo, incrementa las probabilidades de que los jóvenes recurran a la coacción y la violencia a la hora de buscar una solución a sus diferencias con otras personas. Por el contrario, los ejemplos de las Escrituras y de numerosas investigaciones confirman la eficacia de la aplicación de métodos disciplinarios menos drásticos que permitan a los niños aprender mediante el razonamiento y experimentar las consecuencias de sus decisiones. Esas medidas más suaves han demostrado incrementar las probabilidades de que los niños tomen decisiones positivas y adopten los valores de sus padres una vez que maduren.

La iglesia, un lugar seguro para los niños

Los adventistas también asumimos con seriedad nuestra responsabilidad de minimizar los riesgos de que los niños sufran abuso sexual y violencia en el ámbito de la iglesia. En primer lugar, los dirigentes y los miembros de la iglesia han de vivir según un estricto código ético que excluya, incluso, toda apariencia de mal en lo que respecta a la explotación de menores para gratificación de los deseos de los adultos. Otras medidas prácticas para hacer de la iglesia un lugar seguro para los niños incluyen el reforzamiento de las medidas de seguridad de sus instalaciones y de los alrededores del templo, además de la supervisión y vigilancia cuidadosas de los niños y su entorno durante cualquier actividad que tenga relación con la iglesia.

Es de vital importancia educar a la feligresía sobre cuáles son las interacciones apropiadas o inapropiadas entre los adultos y los niños, las señales de advertencia del abuso y la violencia, y los pasos concretos que deben seguirse en caso de que se hayan descubierto o se sospeche de conductas inapropiadas. Los pastores y los dirigentes de la iglesia desempeñan un papel decisivo en la prevención y en la tarea de satisfacer cabalmente las necesidades de los niños cuya seguridad pueda verse amenazada. Se necesitan actualizaciones periódicas sobre su responsabilidad moral y legal de denunciar los casos de abuso infantil a las autoridades civiles. La designación de personal cualificado y de protocolos de actuación en los niveles superiores de la organización de la iglesia ayudará a garantizar acciones y un seguimiento adecuados cuando se denuncie un caso de abuso en el marco de las actividades de la congregación.

Dada la compleja naturaleza del problema del abuso sexual infantil y de la violencia contra los niños, la intervención y el tratamiento de los responsables demanda recursos que están más allá del ministerio que brinda la congregación local. No obstante, la presencia en la congregación de un agresor sexual confeso demanda el máximo nivel de vigilancia. Aunque los culpables deberían ser plenamente responsables de su propia conducta, es necesario supervisar a las personas con un historial de conducta inapropiada a fin de garantizar que se mantengan a una distancia considerable y se abstengan de todo contacto con los niños durante las actividades de la iglesia. Una manera de mejorar significativamente la protección de los niños es ofrecer alternativas para que los culpables se desarrollen espiritualmente en entornos donde no se encuentren presentes los niños.

Restauración emocional y espiritual

Los niños que han sido víctimas o que han sido testigos de situaciones perturbadoras necesitan el cuidado de adultos que se muestren afectuosos y comprensivos hacia ellos. El apoyo práctico que ayuda a que los niños y las familias mantengan la estabilidad en medio de la confusión fortalece a las víctimas y a sus familias y promueve la restauración. El compromiso de la Iglesia Adventista de poner fin al silencio que suele asociarse con la violencia y el abuso sexual infantil, sus esfuerzos por defender y hacer justicia a todas las víctimas, y sus acciones deliberadas de salvaguardar a los niños de todas las formas de abuso y violencia contribuirán en gran medida hacia la recuperación emocional y espiritual de todos los implicados. La Iglesia Adventista considera que el cuidado y la protección de los niños es un cometido sagrado.

 

Declaración aprobada el 23 de junio de 2010 por la Junta Directiva de la Asociación General, dada a conocer en el Congreso de la Asociación General de Atlanta, 24 de junio al 3 de julio de 2010.

* Declaración basada en los principios expresados en los siguientes textos: Lev. 18: 6; 2 Sam. 13: 1-11; 1 Rey. 17: 17-23; Sal. 9: 9, 12, 16-18; 11: 5-7; 22: 24; 34: 18; 127: 3-5; 128: 3-4; Prov. 31: 8-9; Isa. 1: 16-17; Jer. 22: 3; Mat. 18: 1-6; 21: 9, 15-16; Mar. 9: 37; 10: 13-16; Efe. 6: 4; Col. 3: 21; 1 Tim. 5: 8; Heb. 13: 3.

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