El filósofo griego Aristóteles dijo en cierta ocasión: “Educar la mente sin educar el corazón no es educación”. Para los adventistas del séptimo día, la educación se extiende aún más, porque alcanza el alma.

En lo que respecta a la enseñanza, nuestras multifacéticas vidas requieren de un enfoque multifacético, y los adventistas apuntan a ofrecer el paquete completo. La educación no solo tiene que ver con aprender por causa del crecimiento intelectual. Los adventistas creen también en el desarrollo físico, empático, social y espiritual. El ideal es que la educación cambie y cultive cada aspecto de nuestra vida, llevándonos mucho más cerca del ideal original de Dios para nosotros.

El consultor educacional Joe Harkin dijo: “Los sistemas de educación reflejan la naturaleza de la sociedad en la que existen […]. Al responder [la pregunta de lo que constituye una ‘buena’ sociedad] arrojamos luz sobre lo que consideramos que es una ‘buena’ educación” (Joe Harkin, “Participative education: An incomplete project of modernity”, en Educational research in Europe: Yearbook 2000).

El sistema educativo adventista refleja la “sociedad” celestial que Dios planificó para nosotros. Nos da herramientas y recursos para que seamos más sabios y saludables. Nos brinda oportunidades de ver más allá de nosotros para servir a otros. Nos conecta como amigos, como compañeros y como una comunidad. Lo que es más importante, nos ayuda a cumplir nuestro potencial de ser “buenos” ciudadanos, anticipando con ansias una eternidad con el Dios que nos creó.

La educación adventista tiene que ver con enseñar una vida plena y completa, para toda la vida.