Durante el ministerio de Jesús en esta tierra, él valoró las contribuciones de las mujeres y elevó el estatus de ellas.

Por ejemplo, Jesús inició un diálogo profundo con una mujer samaritana (marginada), que entonces evangelizó a todo su pueblo (Juan 4). Protegió a la mujer atrapada en adulterio y la desafió para que comenzara una vida nueva (Juan 8).

Jesús defendió a las madres que le traían a sus hijos (Marcos 10). Durante sus últimos momentos en la cruz, hizo arreglos para que cuidaran a su madre (Juan 19).

Cuando una mujer pecadora derramó un costoso perfume sobre sus pies, puso fin a las críticas de los presentes y declaró: “Dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella” (Mateo 26:13). En efecto, estaba en lo cierto.

La Iglesia Adventista sigue el ejemplo de Cristo, llegando a las mujeres de todo el mundo para ofrecerles amor, apoyo y actividades de enriquecimiento personal. Los adventistas ministran a las mujeres al establecer un sistema de apoyo para las mujeres que sufren, y al crear un foro que se ocupa de temas y cuestiones que afectan a las mujeres de la iglesia o fuera de ella.

La iglesia también promueve programas como mentores de mujeres jóvenes y apoya sus logros académicos mediante un programa de becas. Las seis áreas básicas de interés que orientan la obra de la iglesia por las mujeres son la salud, el abuso, la pobreza, la carga laboral, la falta de capacitación en liderazgo y educación, y el analfabetismo.

Estas cuestiones afectan a las mujeres de todas las culturas, niveles sociales y países. La Iglesia Adventista se esfuerza por alimentar a las mujeres de la iglesia y de la comunidad al capacitarlas para que lleguen a ser mujeres más fuertes en el Señor, en áreas tales como el estudio de la Biblia, la oración, el crecimiento personal y la obra en la comunidad.

El ministerio de Cristo elevó a las mujeres y, a su vez, la iglesia las capacita para que ensalcen el nombre de Cristo.